Comentarios de Puntadas católicas
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ADOPCION ESPIRITUAL

CAMPAÑA DE ORACION POR LA PAZ
La cruz de Cristo sufriente de cada víctima inocente. Cubierta con rosas de oración por el perdón , por la reconciliación y la conversión

VELA DEL CANCER
Ora por los que padecen éste mal


Blogueros con el Papa
Visit Amigos en la Fe

Visitas al Santísimo Sacramento


Nihil Obstat P. Ignacio Reinares Vicario Provincial del Perú Agustino Recoleto
Imprimatur Mons. José Carmelo Martínez Obispo de Cajamarca (Perú)
ÁNGEL PEÑA O.A.R. LIMA - PERÚ 2007


ÍNDICE GENERAL

PRESENTACIÓN 4

Oraciones 13 Visitas a Jesús 18 Adorando a Jesús 66 Jesús te dice 70 Mensaje de Jesús 110 Mensaje de María 120 Mensaje del ángel custodio 122

CANCIONES 124

EPÍLOGO 129

Jesús es un Dios cercano, un Dios que nos espera, un Dios que ha querido permanecer con nosotros para siempre. Cuando se tiene esta fe en su presencia real, ¡qué fácil resulta estar junto a Él, adorándolo! ¡Qué fácil es amarlo y recibir su amor a través de los rayos invisibles, pero reales, que salen del sagrario! Visitar a Jesús es demostrarle nuestro amor y darle una gran alegría. Él, por su parte, no se dejará ganar en generosidad y nos llenará de infinidad de bendiciones.

PRESENTACIÓN

Este librito quiere ser una ayuda para tantos católicos que desean amar cada día más a Jesús Eucaristía y quieren demostrarle este amor, visitándolo todos los días en este sacramento. La Eucaristía es el pan de vida, el pan para la vida, el tesoro más grande del mundo. El mejor regalo que Dios ha dado a la Iglesia y a la humanidad, pues en este sacramento eucarístico está el mismo Jesús, nuestro Dios y Señor.

Jesús quiere derramar sobre nosotros y sobre nuestras familias muchas bendiciones que tiene guardadas para nosotros y que, a veces, no nos puede dar, porque no se las pedimos. Por eso, espero que las visitas a Jesús sacramentado sean una fuente de bendición para todos los que vengan a pedir por todas sus necesidades.

Como dice el Catecismo de la Iglesia católica: La visita al Santísimo Sacramento es una prueba de gratitud, un signo de amor y un deber de adoración hacia Cristo, Nuestro Señor (Cat 1418) y la Iglesia concede una indulgencia plenaria al fiel que visite a Jesús para adorarlo en la Eucaristía durante media hora, teniendo la intención de aplicar esta indulgencia para sí mismo o para las almas del purgatorio, rezando por las intenciones del Papa y comulgando ese mismo día; habiendo confesado, al menos, una semana antes. Para conseguir esta indulgencia plenaria es preciso estar totalmente limpios de todo pecado e, incluso, de todo afecto de pecado. Esto es muy difícil; pero, al menos, tengamos la intención de adorar a Jesús media hora cada día con la intención de ganar la indulgencia plenaria. Dios sabrá cuántas bendiciones nos concede.

¡Qué hermoso sería ir cada día a visitar a Jesús Eucaristía y ofrecer una indulgencia por nuestros familiares difuntos! ¡Qué hermoso poder tener unos momentos cada día para visitar a nuestro amigo Jesús sacramentado! ¡Cuántas bendiciones recibiríamos para nosotros y nuestras familias! Como dice san Pablo: Dios es poderoso para darnos mucho más de lo que podemos pedir o imaginar (Ef 3, 20).

Hermano, cuando entres en una iglesia y veas la luz parpadeante del sagrario, piensa que allí está Jesús esperándote. En la hostia santa está el milagro más grande del mundo, un milagro que la mente humana no puede comprender, porque es un milagro del amor de Dios. Jesús te sigue esperando como esperaba a tus antepasados en la fe, aquellos primeros cristianos del siglo I. Es el mismo Jesús, es tu Dios y tu Señor, que quiere ser tu amigo. ¿No tendrás al menos cinco minutos cada día para venir a visitarlo?

Cuando tengas enfermedades, problemas o necesidades, puedes ir al médico o puedes buscar ayuda en familiares o amigos, pero no te olvides que Jesús está interesado en tu felicidad y es un amigo que siempre te espera. Sé agradecido, ¿acaso no tienes nada que agradecer? ¿No tienes nada que pedir? ¿No tienes nada que contarle a tu Dios amigo? Él te dice: Venid a Mí los que estáis agobiados y sobrecargados que yo os aliviaré (Mt 11, 28).

Mira a Jesús en el sagrario y déjate amar por Él. Ven cada día a visitarlo. Aquí, ante Jesús Eucaristía, aprenderás más que en los libros. Háblale de tu vida, de los tuyos, de tus cosas, pues todo le interesa... Y sentirás una paz inmensa, que sólo Él te puede dar. Y, pase lo que pase, escucha que Él te dice como a Jairo: No tengas miedo, solamente confía en Mí (Mc 5, 36). ¡Qué benditos son los momentos pasados junto a Jesús en el sagrario! ¡Cómo ayudan a crecer espiritualmente! Es algo sublime que no se puede explicar. Por eso, no te pierdas tantos tesoros que Él tiene guardados para ti y tu familia. No digas que no tienes tiempo. Aunque sólo dispongas de unos minutos, no dejes de entrar cada día a visitar a Jesús. Y, si algún día no puedes, suple tu visita con amor, porque Jesús desde el sagrario te está preguntando como a Pedro: ¿Me amas?

Cuantas más veces visites a Jesús sacramentado, más robusta será tu fe. La luz roja del sagrario parpadea como si fuera un corazón que late de amor por Jesús, únete tú también a ese corazón, y a todos los ángeles que están adorando a Jesús ante el sagrario, y haz que tu amor y tu alabanza sea un himno de amor a Jesús Eucaristía.

Déjate bañar por esos rayos benditos de luz y de amor, que salen del sagrario. Lo que es el sol para la vida física lo es el sol de la Eucaristía para la vida espiritual. No te olvides ningún día de que Jesús te está esperando. No le digas con tus acciones u omisiones: Hoy he estado tan ocupado que no he podido visitarte, porque he tenido cosas más importantes que tú. ¿Habrá realmente cosas más importantes en tu vida que Jesús?

No hagas esperar en vano a Jesús. Tómate algún tiempo cada día para entrar al pasar delante de una iglesia y permanece unos momentos ante Jesús. Él es tu vecino y, con frecuencia, ni te enteras. Él te espera con los brazos abiertos, porque quiere abrazarte y bendecirte, y tú pasas de largo. Él, siendo Dios, te está esperando a ti, su criatura. ¿Hasta cuándo tendrá que seguir esperándote?

¡Cuán consoladores y suaves son los momentos pasados con este Dios de bondad! ¿Estás dominado por la tristeza? Ven un momento a echarte a sus plantas y quedarás consolado. ¿Eres despreciado del mundo? Ven aquí y hallarás un amigo, que jamás quebrantará la fidelidad. ¿Te sientes tentado? Aquí es donde vas a hallar las armas más seguras y poderosas para vencer al enemigo. ¿Temes el juicio de Dios? ¿Estás oprimido por la pobreza? Ven aquí, donde hallarás a un Dios inmensamente rico, que te dirá que todos sus bienes son tuyos.
San Juan Bosco decía: ¿Queréis que el Señor os bendiga? Visitadlo en el Santísimo Sacramento. ¿Queréis que os bendiga más? Visitadlo más ¿Queréis que os bendiga inmensamente? Visitadlo muy frecuentemente. Sí, desde el sagrario salen inmensas oleadas de luz y de amor, ríos inagotables de bendiciones para todos los que lo visitan con amor. Por eso, en cada sagrario habría que colocar esta frase del Evangelio: El Señor está aquí y te llama (Jn 11, 28); y colocar un letrero con letras de oro que diga: Hoy es Navidad, Jesús está aquí, venid a adorarle. Sí, el sagrario es como la pequeña cueva de Belén, donde Jesús está pequeñito, humilde y sencillo, escondido en un pequeño pedazo de pan, y ahí junto a Jesús, está María, que siempre lo adora en compañía de millones de ángeles y santos. Y tú ¿no serás capaz de tener unos momentos cada día para darte tiempo para visitarlo y recibir tantas bendiciones que tiene reservadas para ti y tu familia?

Tu vida necesita de una unción especial para que puedas ser misionero y apóstol entre tus hermanos. Esta unción diaria la vas a recibir, conversando cada día personalmente con Jesús. Haz la prueba y verás la diferencia. Él, desde el sagrario, iluminará tu vida y con sus rayos divinos te transformará en un apóstol de su presencia eucarística. Háblales a todos de Jesús, no te calles, no tengas miedo ni vergüenza. Él quiere servirse de ti para que haya muchos más que sean sus amigos y lo visiten y lo amen. ¿Serás capaz de cumplir esta gran misión que Él te encomienda? Tú eres ya desde ahora misionero del sagrario, apóstol eucarístico, lucero del Señor para guiar a tus hermanos hacia la luz de la Eucaristía. Él te dará el ciento por uno. No temas. Él te bendecirá mucho más de lo que podrías pensar e imaginar.

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Para comenzar tu visita de adoración a Jesús, haz un acto de fe en su presencia eucarística, diciendo:

Jesús, yo creo que Tú estás realmente presente con tu cuerpo, sangre, alma y divinidad en este sacramento de la Eucaristía, donde siempre me esperas como un amigo cercano. Yo te amo y te adoro; yo creo y espero en Ti. Ayúdame a amarte con todo mi corazón. Madre mía, Virgen María, enséñame a amar cada día más a Jesús. Amén.

Al comenzar tu adoración, puedes quedarte en silencio, mirando a la hostia santa y diciendo a Jesús las palabras más bellas que salgan de tu corazón. Lo importante no es pensar o leer o escribir cosas bellas, sino decírselas directamente según van saliendo de tu corazón, pues orar es amar, y cuanto más amor haya en tu comunicación con Jesús y cuanto más le digas que lo amas, mejor será tu oración.

Si lees este libro o cualquier otro, debes saber que es sólo una guía. No necesitas leer hasta que te canses. Es preferible que leas lo menos posible y lo dejes en el momento en que sientas que algo te ha impresionado. Entonces, cierra el libro y toma lo leído como punto de apoyo para dialogar con Jesús y decirle las cosas más lindas. Abandónate en sus manos totalmente con todos tus problemas y pecados, pídele por todas tus necesidades y las de tu familia... Y después, puedes leer otro poco para que te dé pie para seguir orando, es decir, para seguir amando a Jesús en unión con María.

Recuerda siempre que orar es amar y que, cuantas más veces le digas Señor, yo te amo, más contento estará Jesús. Por eso, una buena manera de orar es simplemente repetir mentalmente con amor una jaculatoria o frase corta que te llegue al alma. Puede ser:

- Jesús, yo te amo; yo confío en Ti. - Jesús, María, os amo, salvad almas. - Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío. - Jesús, ten compasión de mí que soy un pecador. - Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía. - Jesús, ven a mi corazón y llénalo de tu amor. - Ven, Señor Jesús, yo te amo...

Te deseo mucho amor a Jesús y que cada día lo ames más y más. Sin olvidar que el amor a Jesús es el primer paso para amar a todos los que te rodean, tratando de hacerlos felices. Que tu oración sea como un perfume de amor que irradies a todos los que viven a tu lado. Que seas feliz, que seas santo, que tu vida sea una continua oración y tengas un corazón lleno de amor para Dios y para los demás. Te pido una oración por mí. Gracias. Que Dios te bendiga.

ORACIONES

Al comenzar este día, gracias, Señor, por la vida; que seas Tú nuestro guía con tu luz y compañía.

Que todos los pensamientos, las palabras y las obras, sean hechas por tu amor y el amor a los demás.

Y, cuando se ponga el sol a la entrada de la noche, cantaremos alabanzas, agradeciendo tu amor.

Gloria a Dios, Padre del cielo, Gloria al Hijo Jesucristo, Gloria al Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

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Señor Jesús, postrado humildemente ante tu presencia, quiero consagrarte en este día mi familia con todos mis seres queridos. Sagrado Corazón de Jesús, te pido, por medio e intercesión de María, que bendigas mi hogar y pongas amor, paz, unión y comprensión entre nosotros. También te pido por mis familiares difuntos y por todos aquellos que vivirán hasta el fin de los siglos. Te encomiendo a toda mi gran familia y te pido que todos juntos nos reunamos un día contigo y con María en unión con todos los santos y ángeles en la patria celestial. Amén.

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Oh Jesús, por medio de María, me consagro a Ti y quiero que Tú seas el Señor y el Rey de mi vida. Amén.

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Madre mía, Virgen María, Madre y reina mía, te consagro y entrego a tu Corazón inmaculado todo mi ser, mis pensamientos, palabras y obras. Dispón de mí y de todo lo que me pertenece, ahora y en la eternidad, para alabanza y gloria de Dios.

Madre mía, ayúdame a vivir dignamente como verdadero hijo tuyo para que cumpla siempre y en todo la voluntad de Dios.

Madre mía, Virgen María, cúbreme con tu manto y protégeme de todo mal y de todo poder del maligno. Soy todo tuyo, Reina mía, Madre mía, y cuanto tengo tuyo es.

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Ángel de mi guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día. No me dejes solo que me perdería. Asistidme en mi última agonía hasta que descanse en los brazos de Jesús, José y María. Amén.

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Ángeles del cielo, que estáis adorando permanentemente a Jesús sacramentado, permitidme unirme a vuestra adoración. Quisiera amarlo con un amor tan puro como el vuestro, pero soy un pobre hombre pecador. Sin embargo, quiero que vosotros supláis mi debilidad y que me ayudéis a amar y adorar dignamente a Jesús con un corazón digno de su amor.

******* Oh Señor, mi corazón es tuyo. Ven a visitarme, cuando te busque a solas, y entra sin llamar, entra en mi casa, llena mi corazón de tu presencia y estáte junto a mí, porque es una alegría tratar contigo, en amistad sincera, sabiendo que eres Tú el que me amas.

Oh Señor, soy como un pájaro solitario, que busca al viento levantar su vuelo, buscando en esta vida su sendero: volar entre las nubes, a lo alto, y andar sobre las playas de este suelo.

No quiero ser un hombre sin futuro, agarrado a esta tierra como un preso, no quiero vivir entre barrotes, que esclavicen mi vida sin sendero.

Quiero ser gaviota blanca y libre, que abre sus alas y lucha contra el viento. Quiero ser un hombre libre, peregrino, Señor, por tus caminos y leer en el brillo de tus ojos la luz eterna que irradias en mi pecho.

Peregrino, día a día, quiero ser para llegar por las estrellas a tu cielo. Dame alas, Señor, dame tus alas, que animen mi cansancio, que despierten la fuerza escondida y que aviven el fuego de mi esfuerzo.

Cuento contigo, Señor. ¡Hasta cada Eucaristía!

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Sacratísimo Corazón de Jesús, verdaderamente presente en la santa Eucaristía, te consagro mi cuerpo y mi alma, con todo lo que soy y tengo, y me uno a Ti en cada sagrario de la tierra para adorarte y amarte en unión con todos los ángeles y santos para alabanza de tu gloria. Recibe mi humilde ofrecimiento y salva las almas de mis familiares, alejados de Ti. Te pido por mis familiares difuntos y por todos los que viven en la tierra y todavía no te aman como te mereces. Te encomiendo mi familia para que la bendigas y la unas cada día más a Ti.

Madre mía, Virgen María, defiéndeme y protégeme de todo mal y de todo poder del maligno para que sea verdaderamente hijo tuyo. Amén.

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VISITAS A JESÚS

Oh Jesús, amigo mío, mi Señor y mi Dios. Tú estás todos los días esperándome en la Eucaristía y yo ni me entero. Perdóname. Perdóname por mi indiferencia y mi cobardía; porque, a veces, por respeto humano y pensando en el qué dirán, no vengo a visitarte. Perdóname, tú sabes que soy pobre y débil; pero, a pesar de todo, te quiero.

Hace muchos años salí de tus manos y pronto quizás volveré a Ti... Mi alforja está vacía, mis flores mustias y descoloridas, pero mi corazón quiere ser todo tuyo. Me espanta mi pobreza y mi miseria espiritual, pero me consuela tu ternura. Estoy delante de Ti como un cantarillo roto, pero con la ilusión de ser cada día mejor.

Señor, ¿qué te diré cuando me pidas cuentas? Te diré que mi vida, humanamente, ha sido un fracaso, que he volado muy bajo, que he cometido muchos errores, que me he olvidado muchas veces de Ti. Por eso, te pido perdón, porque sé que Tú eres Amor, Perdón y Misericordia. Señor, quiero ser tu amigo. Acepta en este día la ofrenda de mi vida. Está llena de agujeros como una flauta. Tómala en tus manos divinas y haz que tu música pase a través de mí para que llegue a mis hermanos. Que sea para ellos ritmo y melodía, alegría de sus pasos cansados en los momentos difíciles y, especialmente, en el ocaso de su vida.

Señor, te amo. Déjame que te lo diga con verdad y sinceridad. Gracias por haberme creado. Gracias, porque Tú me amaste antes de que el primer sol brillara en los espacios infinitos y el primer amanecer naciera en el horizonte. Gracias, porque antes de que el canto de la primera noche arrullara las estrellas, y antes del primer día en los billones de años del universo, Tú pensaste en mí. Sí, cuando aún no existía la noche que mide el tiempo ni el sol brillaba en el firmamento azul, antes de la creación del universo, Tú, Señor, decidiste crearme. Gracias, porque en la eternidad del tiempo, cuando todo era silencio y vacío, Tú me acariciabas en tu Corazón y soñabas conmigo, derramando sobre mí tus bendiciones. ¡Oh, Dios mío, Jesús mío, ¿qué puedo decirte? Gracias por los siglos de los siglos...

*******

Jesús, me siento triste al pensar en tantos sagrarios donde estás abandonado. Nadie te visita ni de día ni de noche. Muchas iglesias están cerradas durante la semana y apenas se abren para la misa. En muchos pueblos y ciudades, pasas los días y noches solitario, esperando a las almas que nunca llegan. ¿Es que en esos lugares no hay enfermos que quieran sanar? ¿No hay personas tristes que quieran ser felices? ¿No tienen problemas que quieran solucionar? ¿Por qué no vienen a pedirte ayuda? ¿Por qué no vienen a contarte sus problemas? ¿Es que no tienen nada que pedir o nada que agradecer? ¿O acaso no saben que Tú, nuestro Dios y Señor, estás aquí esperándolos? ¡Qué tristeza para Ti el ver tanta ignorancia y tanto olvido! ¡Cuántas bendiciones perdidas por no venir a pedirlas!

Hay muchos que van al siquiatra o al sicólogo... y se olvidan que toda salud viene de Ti, aunque cures por medio de los médicos y de las medicinas. No saben que Tú, Señor, eres el mejor médico de cuerpos y almas. ¡Cuánta paciencia debes tener para no cansarte de tanta indiferencia! Menos mal que junto a Ti, siempre hay millones de ángeles haciéndote compañía y adorándote... Pero Tú te has quedado en el sagrario por nosotros no por los ángeles. Por eso, una visita nuestra alegra tu Corazón más que la compañía de millones de ángeles.

¡Qué bien se está contigo, Señor, junto al sagrario! ¡Qué bien se está contigo! ¿Por qué no vendré más a menudo? Hace tiempo que vengo a visitarte y siempre te encuentro solitario. ¡Qué pocos vienen a visitarte! Estás solo, pobre y escondido. Tú no dices nada y la gente pasa por la calle sin ni siquiera saludarte. Muchos ni creen en Ti; otros, que viven junto a tu casa, ni siquiera te conocen; otros ni quieren verte, tienen cosas más importantes que Tú. ¿Será, Señor, que muchos no saben que estás aquí? Nadie pregunta por Ti. Cuando necesitan ayuda o están enfermos, preguntan por los médicos de la tierra o por alguien que les ayude, pero no piensan en Ti, como si no existieras o no tuvieras nada que hacer en sus vidas o no tuvieran nada que agradecerte.


¡Qué bien se está aquí junto a Ti cerca del sagrario! Hago el propósito de visitarte más seguido para que no estés solo y así pueda consolarte de tantos, que dicen que no tienen tiempo para visitarte. ¡Tú y yo, amigos para siempre! ¡Que éste sea un compromiso eterno entre Tú y yo! ¡Amigos para la eternidad! Todos los días vendré a visitarte a Ti, mi amigo del alma, el amigo que siempre me esperas y nunca fallas.

Jesús, yo quisiera reparar tanta indiferencia con mi amor. Quisiera visitarte en todos los sagrarios del mundo y gritar por todas partes: Jesús está solo y no quiere ni debe estar solo. Aquí está la fuente de la vida, el alimento del alma, la paz del corazón y la alegría del espíritu. Por eso, quiero, Señor, comulgar por los que no comulgan, amarte por los que no te aman, asistir a misa por los que no lo hacen y agradecerte por todos los que se olvidan de ti. Además, quiero buscarte entre mis amigos y familiares muchos adoradores que vengan a visitarte y se comprometan todos los días, o al menos una hora a la semana, para que no te falten amigos que te visiten y así te sientas contento de nosotros. ¡Cuántas bendiciones recibiremos para nosotros y para nuestras familias a través de estas visitas, mi Jesús sacramentado! Sólo en el cielo lo sabremos, pero podemos creer que son muchas más de las que imaginamos.

Quisiera, Jesús, ser un apóstol tuyo e ir de puerta en puerta, buscando turnos de adoradores que vengan a visitarte para que no estés solo. Buscaré entre los enfermos e impedidos quienes vengan a visitarte en espíritu con visitas espirituales desde sus casas. Vale la pena amarte y adorarte, aunque sea a distancia, especialmente en las horas nocturnas en que todos duermen.

¡Oh Jesús, me siento inundado de tanta claridad que no sé cómo hay tantos católicos que no entienden que Tú los esperas para iluminar su vida y darles tu amor y alegría! ¡Cuánta luz sale del sagrario! ¡Cuánto amor! Por eso, gritemos todos a los cuatro vientos: ¡Venid, adoradores, adoremos a Cristo Redentor!

*******

¡Seas por siempre bendito y alabado, mi Jesús sacramentado! Permíteme adorarte en todos los sagrarios del mundo y en cada hostia consagrada y estar presente, por medio de mi ángel, en cada lugar donde se celebra en este momento la santa misa. ¡Bendito seas, Jesús, por todas las comuniones en que me he encontrado contigo! Perdóname por las veces en que te recibí sin ser consciente de lo que recibía y por las veces que comulgué sin fe y sin devoción. Quiero adorarte y consolarte por el dolor que te causan tantos que se dicen católicos y te reciben sin darse cuenta de tu amorosa presencia en la Eucaristía.

Haz tu morada permanente en mi corazón. Quiero estar siempre en adoración ante Ti, mi Dios. Consuela y cura a mis hermanos y familiares enfermos. Bendice a mis seres queridos difuntos. Bendice a todos mis familiares, especialmente en los momentos de tristeza y dolor. Quiero que mi familia esté siempre escondida en tu Corazón divino para que siempre la guardes y la protejas de todo mal.

¡Oh Jesús, Tú estás vivo y presente en este sacramento del amor! Yo te amo en unión con todos los ángeles y santos del cielo. Yo te alabo con toda la Iglesia y con todas las almas del purgatorio. Yo te amo y te adoro en todas las iglesias del mundo. Yo te amo y te adoro en todos los lugares donde se celebra la misa. Yo te amo con toda mi familia y te pido tu gracia para que todos puedan ir un día contigo a gozar eternamente de la gloria celestial.

¡Oh Jesús, qué bien se está aquí junto a Ti! Tú eres manantial de santidad, fuente inagotable de gracias celestiales. Tú eres el Rey del universo; el Rey de reyes y el Señor de los señores. Tú eres mi Dios y yo te consagro mi vida con todo lo que soy y tengo. Me pongo en tus manos y me rindo a tus pies para que te sirvas de mí para lo que Tú quieras. Quiero estar siempre disponible para tu servicio y hacer lo que quieras, Señor.

Señor, haz de mí lo que Tú quieras, sea lo que sea te doy las gracias, porque te amo y confío en Ti, porque Tú eres mi Señor, mi Dios. Te amo con todo mi corazón. Gracias, por todo, Señor.

*******
Jesús, de rodillas con el corazón abierto, te pido tu bendición para mí y mi familia. Perdóname por tantas veces en que me he olvidado de Ti. Quiero ser tu amigo, concédeme el don de tu amistad. Sin Ti mi vida no tiene sentido. Por eso, quiero vivir siempre contigo y acudir a Ti, especialmente en los momentos de peligro o de dificultad. Cuando esté enfermo, sé que Tú me esperas para consolarme. Cuando esté triste, sé que Tú me das tu alegría. Cuando me siento solo, sé que Tú eres mi compañía. Gracias por todo lo que me ayudas a seguir adelante en medio de las dificultades de cada día. Ayúdame a serte fiel hasta la muerte. Te necesito y me siento feliz a tu lado. Un momento cerca de Ti vale más que un millón de años fuera de Ti. Gracias por tu compañía y tu amistad.

Sé luz de mis ojos ciegos, que no saben verte en mis hermanos. Sé luz en mi oscuridad, fuego para amar a mis hermanos, y amor para darles mi cariño sin esperar recompensa. Irradia sobre mí los raudales de tu luz y destruye todas las oscuridades de mis egoísmos, mentiras y cobardías. Jesús, mi Señor y mi Dios, sé consuelo en mis desgracias y fortaleza en mi debilidad. Contigo lo puedo todo. Sin Ti no puedo nada. Inunda mi corazón con la paz que sale del manantial inagotable de tu Corazón eucarístico. Gracias, Jesús, por escucharme. Gracias, por tenerme en cuenta, pues yo sé que soy importante para Ti. Yo sé que Tú me amas infinitamente y que has muerto por mí en la cruz. Tú eres mi Maestro, mi Salvador y mi Señor. Has querido esconderte en un pequeño pedazo de pan para que pueda recibirte en la comunión y así poder ser los dos una sola cosa. Tú y yo somos Uno. Tú y yo, unidos para siempre. Mi corazón y el tuyo laten al unísono. Por eso, hay momentos en que siento tu Corazón palpitar dentro de mí. A veces, también siento tu mirada sobre mí y me siento feliz de ser importante para Ti. Tu mirada es ternura, tu mirada es cariño...

Cuando estoy cansado de tantos problemas, pienso en Ti, vengo a visitarte y aquí ante Ti me siento aliviado. Y tomo fuerzas para seguir trabajando y luchando por tu amor. Gracias, Jesús, por amarme tanto. Gracias por esperarme todos los días sin cansarte jamás. Gracias, porque, a pesar de mis olvidos, indiferencias e ingratitudes, Tú sigues confiando en Mí.

*******

Mi Jesús sacramentado, vengo a visitarte, porque quiero pasar unos momentos en amigable conversación contigo. Vengo como un enfermo que va al médico para que me sanes, como un pobre mendigo que necesita de tus dones. Vengo aquí ante tu presencia para encontrar refugio en estos momentos de tristeza. Quiero que me des fortaleza para superar tanta mentira y falsedad que me rodea. Dame luz para que siempre te vea en el sagrario con los ojos de la fe y así pueda disfrutar de tu compañía y amarte con todo mi corazón.


Señor, quédate conmigo para siempre después de recibirte en la comunión. Quédate conmigo, porque soy débil. Quédate conmigo, porque deseo amarte mucho. Quédate conmigo para que pueda decirte siempre Sí a todo lo que me pidas.

Jesús mío, dame tu bendición antes de retirarme para que el recuerdo de esta visita persevere en mi memoria y me anime a amarte más y más. Haz que, cuando vuelva a visitarte, vuelva más santo. Aquí te dejo mi corazón para que te adore constantemente y lo hagas más agradable a tus divinos ojos. Madre mía, Virgen María, gracias por esta visita a Jesús, dame la gracia de que pueda repetirla todos los días en compañía de mi ángel y de todos los ángeles, que adoran a Jesús en el sagrario.

Señor mío, Jesucristo, que, por el amor que nos tienes, estás noche y día esperándonos, yo creo que estás realmente presente en este sacramento; te adoro desde el abismo de mi nada y te doy las gracias por todas las bendiciones que me has dado. Me pesa haberte ofendido tantas veces con mis pecados. Perdóname. Creo en Ti, Jesús mío, y te amo sobre todas las cosas. En este momento, deseo recibirte dentro de mi alma, aunque sea con una comunión espiritual, ya que no puedo hacerlo sacramentalmente. Por eso, te abrazo con mi alma y me uno a Ti como en una comunión de amor. Y no permitas que nunca me separe de Ti.

Ángeles del sagrario, adoren a Jesús, permítanme que me una a sus voces de alabanza y a sus cantos de amor. Ángeles, arcángeles, virtudes, principados, potestades, dominaciones, tronos, querubines y serafines; ángeles todos, llenos de amor por Jesús, en unión de María, de san José y de todos los santos, adoremos juntos y amemos sin cesar a Jesús sacramentado. Amén.

*******

Mi Jesús sacramentado, gracias por mi vida, gracias por haberme creado, por haberme redimido, por haberme perdonado, por haberme amado. Gracias por haberme esperado tanto tiempo en la Eucaristía, cuando yo no creía en Ti. Te prometo que no te dejaré solo ningún día y que todos los días vendré a visitarte para pasar unos minutos en tu compañía. Además, te prometo que voy a conseguir otros muchos familiares, amigos, vecinos o desconocidos que vengan también a visitarte. Quiero ser un misionero de tu presencia eucarística y ofrecerles a todos el gran regalo de tu amor. Soy un pobre ser humano, pero te quiero y quiero amarte sin medida y para siempre.

Quisiera decirte que te admiro, Jesús, por tu paciencia infinita, porque día tras día me has esperado durante años. Por eso, ahora que te conozco y te amo, quiero consolarte por los que no creen en Ti y no te visitan ni te aman. Te pido perdón por los que alguna vez han blasfemado contra tu presencia eucarística y por los que te han profanado con sus comuniones sacrílegas, por los que te han robado de las iglesias y te han tirado a la basura, como si fueses un objeto desechable. También te pido perdón por aquellos que te ofenden, profanando tu Eucaristía en sus reuniones o, peor aún, en sectas satánicas. Por eso, quiero reparar tantas ofensas con mi amor. Quiero alabarte y amarte en cada uno de los sagrarios del mundo entero, especialmente en aquellos en que estás más abandonado y olvidado. Te amo, Señor, y te adoro en aquellas partículas en que estás presente y que en este momento puedan estar siendo pisoteadas por haberse caído al suelo. Te amo en aquellos corazones en que eres recibido sin amor o en pecado grave. Te amo y te pido perdón por tantas veces que pasé indiferente ante tus iglesias y porque no creía en tu presencia real. También te pido perdón por las veces que no vine a misa los domingos o asistí sin fe y sin devoción, sólo por compromiso social.

Te amo, Jesús, porque Tú eres lo único realmente importante de mi vida y te he tenido olvidado durante mucho tiempo. Oh Jesús sacramentado, luz que ilumina mi vida, resplandor divino que desde la hostia blanca inundas de amor a todo el universo. Oh Jesús, divino amigo de los hombres, Tú eres el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Tú eres el amigo que nunca falla, el amigo que siempre nos espera. Tú eres el Creador del universo y, por eso, quiero adorarte y alabarte y hacer de mi vida una canción de amor para tu gloria y tu alabanza por los siglos de los siglos. Amén.

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Señor, ayúdame a ser consciente de mis propias limitaciones. Que sea tan valiente que no me hunda ante las inevitables dificultades de la vida. Que sea tan humilde que llegue a descubrir que, sin Ti, no soy nada ni valgo nada. Haz, Señor, que, cuando el dolor llame a mi puerta, no lo mire nunca como un castigo que Tú me envías, sino como una oportunidad que me brindas de poder demostrarte que te amo de verdad. Que el dolor, Señor, me haga cada vez más maduro, que me haga más comprensivo con los demás, que me haga más amable y más humano. Que, cuando venga el dolor, que yo sé que llegará, lejos de rebelarme contra Ti, sepa ofrecértelo y repartir amor y paz a todos los que me rodean.

Oh Jesús mío, que toda mi vida sea un continuo caminar hasta tu eterno cielo. Que cada día, cuando me despierte, sepa agradecerte por el nuevo día, signo de tu amor. Que cada día sepa alabarte con los ríos y las montañas y todas las cosas de la creación. Que sepa darte gracias por todo lo que me das y sepa corresponder a tu amor con mi propio amor.

Señor, yo te amo y quiero decírtelo con toda la fuerza de mi corazón. Te amo y quiero amarte cada día más. Ahora, en el silencio de esta iglesia, aquí ante el sagrario, quiero hacer un compromiso eterno de amarte sin condiciones. Quiero comprometerme a ser tuyo para siempre. Quiero guardar mi pureza para Ti, quiero vivir para hacer felices a los que me rodean. Oh Jesús, te amo tanto que ni toda la eternidad será suficiente para decirte cuánto te amo. Quisiera que todas las estrellas te lo gritaran desde los inmensos silencios siderales. Quisiera ser una estrella para iluminar con la potencia de mi luz a todos los sagrarios de la tierra e invitar a todos los hombres a que vengan a adorarte. Quisiera ser un pájaro cantor y estar siempre a tu lado para cantarte hermosas canciones de amor. Quisiera ser un riachuelo, que mansamente y sin pausa, vaya caminando hacia Ti por los senderos de la tierra. Oh Señor, quisiera ser tantas cosas..., pero me siento tan pequeño y débil que no soy capaz de amarte como te mereces. Por eso, te pido que me prestes tu divino Corazón para amarte con tu propio amor.

Madre mía, Virgen María, Tú que siempre estás junto a Jesús en el sagrario, préstame tu corazón para que, en unión de todos los santos y ángeles pueda cantar ante Jesús sacramentado las grandezas de su amor. Jesús, gracias por haberte quedado por mi amor en este sacramento. Gracias por esperarme día y noche, sin jamás cansarte. Gracias por todo. Gracias por tu amor. Te amo con todo mi corazón y cada día quiero amarte más. Amén.

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Señor, estoy aquí ante Ti, cierro mis ojos para no ver nada, cierro los ojos de mi alma para quedarme silencioso e inmóvil con el corazón abierto y el amor a flor de piel. Acepto, Señor, no sentir nada, no ver nada, no oír nada. Heme aquí, simplemente, en el silencio de la fe, ante Ti, Señor. Pero no estoy solo, te traigo conmigo a toda mi familia y a todos los hombres del mundo para que los bendigas. Sí, Jesús, solo ante Ti al caer de la tarde, te quiero ofrecer mi corazón, mi vida y mi familia, para que todo sea para Ti un canto de gloria y alabanza.

¡Qué pena tendrás, Jesús, al ver a tantas almas que se debaten entre las ruinas y ya no sienten el calor del sol ni oyen el trino de los pájaros ni perciben el perfume de las flores! Personas que han perdido el rumbo de su vida y andan como ovejas descarriadas o como barcos que han perdido las hélices y van a la deriva. ¡Cuántas almas hay que son frías y egoístas, que no tienen nunca tiempo para hablar con su Dios! ¡Con lo fácil que les sería acercarse al sagrario para pedir ayuda! ¡Cuánto amor y cuánta paz encontraríamos aquí para superar las dificultades de cada día!

Aquí, en el sagrario, Tú, Jesús, velas todas las noches en silencio, esperando la llegada del alba para que se acerquen tus amigos a saludarte y así puedas sentir la alegría de repartirles tus tesoros de amor.

Oh Jesús mío, ¿qué haces aquí todo el día en la santa Eucaristía? ¿Qué haces en las noches silenciosas, solitario en la blanca hostia? ¿Esperándome? ¿Por qué? ¿Tanto me amas? ¿Y por qué, a veces, yo soy tan ignorante que creo que me has olvidado y no escuchas mi oración? ¿Por qué, a veces, me siento tan solo, cuando tú estás tan cerca, a mi lado? Ahora he comprendido que Tú me amas y tienes todo tu tiempo exclusivamente para mí y que puedo venir a verte cualquier día a cualquier hora, ya que siempre me estás esperando.

Jesús, yo quisiera visitarte en todos los sagrarios del mundo y gritar a todas las gentes del mundo: Jesús está solo y no quiere ni debe estar solo. Aquí, en el sagrario, está la fuente de la vida, el alimento del alma, la paz del corazón, la alegría del espíritu, el Dios amigo. Por eso, Jesús, quiero venir todos los días a visitarte. Quiero agradecerte por los que no son agradecidos y pedir por lo que no piden, comulgar por los que no comulgan y, sobre todo, amarte por los que no te aman.

Procuraré, Jesús, buscarte muchos amigos adoradores, especialmente, entre los niños inocentes. Si es preciso, iré de puerta en puerta, buscando un poco de cariño para Ti. Pediré a los católicos que vengan por turnos a visitarte, que no te dejen solo. Y, especialmente, seré yo el primero en dar ejemplo de amor y adoración. Gracias por todo, Señor.

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Oh Jesús, quiero ser misionero, centinela perenne del sagrario, adorador perpetuo, sobre todo, en las horas nocturnas, cuando todos duermen. ¡Cuánta luz y amor salen del sagrario! Oh Jesús, aumenta mi fe en tu presencia eucarística para que nunca dude de tu presencia real en este sacramento. Yo te adoro y te amo. Te adoro con todo mi corazón y te alabo con todo mi ser. ¡Ave, mi Jesús sacramentado! ¡Ave, mil y mil veces, mi Jesús sacramentado! ¡Tú eres la fuente inagotable de aguas vivas! ¡Tú eres la vida de mi vida y el Rey de mi corazón!

Cantemos todos unidos al Amor de los amores, cantemos al Señor. Dios está aquí, venid adoradores, adoremos a Cristo Redentor. ¡Gloria a Cristo Jesús, bendecid al Señor! ¡Honor y gloria al Rey de la gloria, amor por siempre a Ti, Dios del amor!

¡Oh misterio bendito, prodigio de amor, sacramento admirable, fuente de vida, Jesús Eucaristía! ¡Qué vacía está mi vida sin Ti! No puedo imaginarme esas iglesias vacías, donde no está tu presencia eucarística. No podría vivir sin tu presencia amorosa cerca de mí. No podría pertenecer a otra religión donde Tú no estás realmente presente como hombre y como Dios en medio de nosotros. Por eso, quiero ser tu amigo, tu amigo para siempre. Sentirme orgulloso de ser tu amigo, Jesús Eucaristía.

Señor, cuando vengo a visitarte, te encuentro en el sagrario, esperándome. Aquí estás vivo y palpitante. Tú eres la razón de mi vivir y, estando contigo, me siento eucaristizado. Me parece que me hago una sola cosa contigo. Me hago Eucaristía contigo y en Ti, al recibirte en la comunión. En ese momento culminante de la comunión, me siento tan unido a Ti que Tú y yo somos UNO. Tu pan de vida es pan para mi vida, y se hace carne de mi carne y sangre de mi sangre. ¡Tu vida y la mía se funden en una sola! Y me siento feliz de decir como san Pablo: Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en Mí (Gal 2, 20). Cristo es mi vida (Fil 1, 21). Sí, Cristo es mi vida y mi vida es Cristo. Yo y Cristo somos dos en UNO. No sé cómo explicar esto. Me parece que vivimos el uno para el otro. Por eso, la Eucaristía es el centro de mi vida y la puerta de entrada a las maravillas de Dios.

Jesús, creo firmísimamente que en la Eucaristía estás Tú, el mismo Jesús de Nazaret, que hace 2000 años vivía en Palestina, sanaba a los enfermos y resucitaba a los muertos; el mismo Jesús que nació en Belén, murió en la cruz y resucitó de entre los muertos. El mismo Jesús que nació de la Virgen María y murió por salvarme. Por ello, cuando me acerco a la Eucaristía, te adoro y te amo con todo mi ser, porque Tú eres mi Dios y mi Señor. *******

Jesús, vengo a visitarte en este sacramento del amor, que es la Eucaristía. Te adoro en todos los sagrarios del mundo y, sobre todo, en los que estás más abandonado o eres más ofendido. Te ofrezco todos los actos de adoración que has recibido desde que instituiste este sacramento en la Última Cena. Creo, Jesús mío, que Tú estás verdaderamente presente en este sacramento de la Eucaristía y te adoro y te amo en unión de los ángeles y santos que te acompañan y con María, nuestra Madre, que siempre está contigo.

Quiero darte gracias por haberte quedado con nosotros para siempre, hasta el fin del mundo. ¿Qué hubiera ocurrido, si solamente el Papa pudiera celebrar misa y dar la comunión? ¿Tendríamos que ir a Roma para poder recibirte y adorarte? ¿Y si cada sacerdote sólo pudiera celebrar una misa en su vida? ¿O una sola vez al año? ¡Con qué ansiedad esperaríamos ese día para poder amarte y adorarte! Sin embargo, podemos visitarte y adorarte todos los días en cada una de las iglesias católicas, pero ¿qué importancia te damos? ¿No somos indiferentes ante tanto amor? Permite Jesús que, en estos momentos de adoración, pueda reparar tanto olvido e indiferencia.

Oh Jesús, yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman... Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Te adoro profundamente y te ofrezco el preciosísimo cuerpo, sangre, alma y divinidad de Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la tierra, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sacratísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de María, te pido la conversión de los pobres pecadores.

Oh Jesús, espero en Ti, porque eres mi Dios y sé que me has creado para ser feliz eternamente contigo en el cielo. Espero en Ti, porque eres mi Redentor y me has redimido y perdonado todos mis pecados. Te amo, Jesús, y quiero amarte con todas las fuerzas de mi corazón, porque Tú has muerto por salvarme.

Oh Jesús, te amo por los que nunca te visitan y por los que te ofenden. Te amo y siempre te amaré. Dame tu gracia para perseverar en este mi propósito hasta el fin de mi vida. Y gracias, porque me has dado como Madre a tu propia Madre, María. Gracias, por ser mi mejor amigo. Gracias por quererme tanto. Gracias por todo, Señor.

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Jesús mío, por mi amor permaneces día y noche en este sacramento, esperándome. Creo que estás en la hostia santa con tu cuerpo, sangre, alma y divinidad. ¡Bendito y alabado seas mi Jesús sacramentado! ¡Bendito seas Jesús en este sacramento del altar! ¡Seas por siempre bendito y alabado!

Postrado a tus pies, humildemente vengo a pedirte que pueda repetir con cada latido de mi corazón: Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.

Y, considerando las inefables muestras de amor que me has dado y las sublimes lecciones que me enseña de continuo tu Sacratísimo Corazón, te pido amarte y servirte como fiel discípulo tuyo, para hacerme digno de las bendiciones y gracias que generosamente concedes a los que te aman. ¡Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío!

Tuyo soy y tuyo quiero ser para siempre. Te consagro mi persona y mi familia con todo lo que somos y tenemos. Reina en nuestro hogar, que ya te pertenece, y no permitas que nos apartemos de Ti.

Bendito sea Dios. Bendito sea su santo Nombre. Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Bendito sea el nombre de Jesús. Bendito sea su Sacratísimo Corazón. Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del altar. Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito. Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima. Bendita sea su santa e Inmaculada Concepción. Bendita sea su gloriosa Asunción a los cielos. Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre. Bendito sea san José, su castísimo esposo. Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos. Sagrado Corazón de Jesús en Vos confío. Dulce Corazón de María, sed la Salvación mía. *******

Mi querido Jesús, hoy vengo a suplicarte con todas las fuerzas de mi corazón que sanes a... Está enfermo, Señor, los médicos le dan pocas esperanzas de vida. Está muy grave. Por eso, he venido especialmente a encomendarte a este ser a quien tanto amo. Te lo encomiendo, Jesús. Sánalo. Tócalo con tu poder divino, como tocabas a los enfermos en Palestina hace 2000 años y los sanabas; como bendecías a los niños y los alegrabas; como dabas esperanza a todos los tristes, que se acercaban a Ti.

Jesús, por tus santas llagas, por tu santa cruz, por tu sangre bendita derramada, te pido que lo sanes. Aleja de nuestro hogar y de todos mis seres queridos todo poder del maligno. Te pido que nos libres de cualquier maleficio, magia o maldición. Cúbrenos con tu sangre bendita y protégenos ahora y para siempre de todo poder del enemigo infernal. Y tú, Madre mía, Virgen María, cúbrenos también con tu manto de pureza y amor, y protégenos de todo poder del maligno.

Ven, Espíritu Santo, sobre nosotros con tu poder sanador y santificador, y líbranos del mal y danos la salud y la paz. Padre santo, somos tus hijos y nos ponemos en tus manos con una confianza sin límites, porque Tú eres nuestro Padre. Te encomendamos nuestros trabajos, nuestros deseos y esperanzas, ponemos nuestra vida en tus manos para que nos ayudes y defiendas de todo mal. Y te pedimos, Padre celestial, por intercesión de Jesús y María, que nos concedas la salud, especialmente, para este familiar por quien te pido especialmente en el día de hoy. Jesús, confío en Ti. Pase lo que pase, creo en Ti, creo en tu amor por mí y por todos nosotros. Sé que nos amas infinitamente y quieres lo mejor para nosotros. Por eso, quiero dormir tranquilo entre tus brazos y darte gracias por lo que Tú decidas. Te amo Jesús y confío en Ti. Aunque el sol dejara de brillar, yo seguiré confiando en Ti, Señor. Aunque pase por un valle de tinieblas, no temeré mal alguno, porque Tú, Señor, estás conmigo (Sal 23). Gracias por lo que me prometes en tu Palabra: Yo nunca te dejaré ni te abandonaré (Jos 1,5; Heb 13, 5). No tengas miedo, porque yo estoy contigo (Is 43, 5). No tengas miedo, solamente confía en Mí (Mc 5, 36).

Gracias Señor, ahora sí estoy tranquilo. Pongo en tus manos a este familiar enfermo y te lo encomiendo para que lo sanes o se cumpla en él tu santa voluntad. Ya no tengo miedo, porque sé que, pase lo que pase, Tú lo amas infinitamente y quieres lo mejor para él y quieres hacerlo feliz.

Gracias, Señor, te amo con todo mi corazón y yo confío en Ti.

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Jesús, te amo con todo mi corazón y me siento feliz de estar aquí a tu lado ante el sagrario, que es tu casa permanente, donde siempre me esperas. Quiero decirte con toda confianza que te quiero mucho y cada día quiero amarte más. Quisiera amarte como las rosas, que dejan media vida, cuando las besa el viento. Quisiera amarte tanto como las flores frescas que dejan que su vida se vaya por sus venas, cuando la diligente abeja se acerca, las contempla y quiere transformarlas en buena y dulce miel.

Señor, quiero ser una flor y descansar en el jardín de tu Corazón. Mira mi miseria y lávame con tu lluvia copiosa de primavera. Limpia mi rostro ennegrecido con la luz del sol y las estrellas.

A veces, sueño con ser un pajarito alegre y recorrer medio mundo para decir a todos los hombres que Tú eres el amigo, que siempre los espera. Quisiera ser un lago de límpidas y refulgentes aguas para reflejar tu rostro dentro de mi corazón.

Jesús, quiero sentir tu amor, quiero que me digas por dentro lo mucho que me quieres. Dímelo al oído o grítalo entre las rocas para que el viento traiga el eco de tu voz. Pero dímelo, necesito escucharlo, porque necesito sentir que Tú me quieres y que nunca me vas a dejar de querer a pesar de mis pecados. Jesús, haz que mi vida sea, de ahora en adelante, un pajarito alegre, un lago refulgente, una rosa fragante... Que pueda cantarte en cada instante: Jesús, te quiero, te quiero más que a nadie, pues te quiero con toda mi alma y con todo mi ser.

Y, porque te quiero tanto, quiero entregarte todo lo que soy y tengo. Te entrego mi familia, mi salud, mi enfermedad, mi trabajo y mi descanso, mis estudios, mis ilusiones y esperanzas. Todo te lo entrego para que sea tuyo de ahora y para siempre. Tómalo todo, no quiero guardarme nada. Toma el control de mi vida. Haz de mí lo que Tú quieras, llévame a donde Tú quieras. Te ofrezco mi pureza, mi cariño, mi amor y mi ternura. Tuyo soy y tuyo quiero ser eternamente. Te doy gracias por haberme amado tanto, cuando no te conocía. Te doy gracias por mi fe católica y por el gran regalo de la Eucaristía. Te doy gracias por María, mi madre del alma. Te doy gracias también por mi ángel, que siempre me acompaña. Y gracias por la comunión de cada día, en que puedo abrazarte y sentirme amado por Ti. Por eso, quiero hacer de la misa y comunión, el momento más importante de cada día. Quiero que Tú seas el centro de mi vida. Quiero hacer de mi vida una Eucaristía permanente y vivir en tu Corazón eucarístico para siempre. Te amo, Jesús. Gracias por tu amor y por tu presencia permanente en el sacramento de la Eucaristía.

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Señor, me siento contento de estar contigo. Quiero decirte algo que te va a gustar. Por ti quiero renunciar a mi egoísmo, a la pereza cómoda, a la vanidad y a todo lo malo que hay en mí. Ese es mi deseo más profundo, porque quiero agradarte y que siempre estés contento conmigo. Yo sé que no va a ser fácil y que muchas veces voy a caer y te voy a fallar, pero espero que me comprendas y me perdones, porque tengo la intención de acudir de inmediato a pedirte perdón. Lo que sí te pido es que me des sabiduría para conocer tu voluntad y fortaleza para cumplirla. No quiero que mi vida se pierda entre el barro de los vicios y pecados. Quiero quemarla en tu servicio y para el bien de mis hermanos. Quiero luchar por hacer las cosas bien. Quiero ser responsable y cumplir fielmente todas mis responsabilidades. Quiero ser tu amigo de verdad y vivir siempre en tu gracia y amistad. Por eso, Señor, ilumina mi vida con tu luz para que mis días y mis noches estén llenos de tu amor. Haz que viva las horas de cada día sin angustia ni exageradas preocupaciones por las cosas materiales. Quiero caminar ligero por la vida, sabiendo que Tú tienes toda mi vida en tus manos y Tú me diriges por el camino que más me conviene. Y, cuando vengan los momentos difíciles de las enfermedades o contradicciones, ayúdame para seguirte por el camino de la cruz. Que sepa que Tú estás a mi lado y no me has dejado solo. Y que debo seguir esperando y confiando en Ti, aunque no entienda nada de lo que me pase.

Señor, haz de mí un instrumento de tu paz. Donde haya odio, ponga yo amor. Donde haya discordia, ponga unión. Donde haya error, ponga verdad. Donde haya duda, ponga yo la fe. Donde haya desesperación, ponga esperanza. Donde haya tinieblas, ponga tu luz. Donde haya tristeza, ponga yo alegría.

Que no busque tanto ser consolado como consolar, ser comprendido como comprender, que no busque tanto ser amado como amar. Porque es dando como recibimos, perdonando es como Tú nos perdonas y muriendo es como nacemos a la vida eterna.

Gracias, Señor, por tu amor. Gracias por María, nuestra Madre querida, y gracias por mi ángel que siempre me acompaña.

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Oh Jesús, mi Señor y mi Dios, quiero pedirte perdón en estos momentos por tantas veces en que me olvidé de Ti. ¡Cuántos días y noches los pasaste pensando en mí, mientras yo no me acordaba de Ti y vivía lejos de Ti! ¡Cuántos días sin Ti, nublado por el velo de mi egoísmo y la preocupación por las cosas materiales! Te pido perdón por aquellas veces en que mis palabras y obras se perdían entre las sombras sin luz de mis pecados. Quiero pedirte ayuda para poder descubrir tus pasos en las sendas de mi vida. Quiero hacer de mi vida un cántico de amor y de alabanza en tu honor. Quiero que todas mis palabras, miradas y sentimientos, estén dirigidos hacia Ti. Así, cuando se ponga el sol en el ocaso de mi vida, cuando al atardecer de mi existencia, me sienta cansado, porque mi corazón humano ya no da más, entonces pueda levantar mi mirada hacia Ti en cada sagrario y decirte: Señor, mi vida entera es para Ti. Te la ofrezco con todo el amor de que soy capaz, porque te amo y confío en Ti.

Oh Jesús, quiero recibirte en este momento en comunión, al menos espiritualmente, y recibirte con aquella pureza y devoción con que te recibía tu Madre María, con la devoción y el amor de los santos... ¡Te amo tanto!

Ayúdame a dejarme llevar por Ti. Hazme completamente disponible a tus designios sobre mí. Y, cuando me pidas algo que me cueste, dame fortaleza para dártelo. No quiero negarte nada, no quiero decirte nunca NO, ni un SÍ a medias, sino un SÍ entero y total. Gracias, Jesús, porque sé que me amas a pesar de todas mis limitaciones. Gracias por todo. Quisiera hacer de mi vida una hermosa sinfonía para alabarte sin cesar.

Esta mañana estaba soñando en que me gustaría ser tan grande como el universo y abarcar con mis manos las estrellas y recorrer el mundo en las alas del viento para poder gritar a todos los hombres que estás aquí en el sagrario de nuestras iglesias, esperándolos. Quiero ser puro como la nieve para que tu luz divina se refleje en mi corazón. Quiero ser fuerte como las olas del mar, que no tienen miedo ante la dureza del acantilado. Quiero ser constante y no desanimarme jamás. Oh Jesús, quisiera amarte tanto como los serafines y los más grandes santos; quisiera tener el corazón de María para amarte como ella te ama. Pero, si esto no es posible, dame al menos, un corazón puro para amarte con sinceridad. En cada instante de mi vida, quiero decirte, aunque sea sin palabras: Jesús, yo te amo y yo confío en Ti. Y, desde lo más profundo de mi corazón te digo: GRACIAS.

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Jesús, te doy gracias por haber pensado en mí desde toda la eternidad. Allá, en el principio de los tiempos, tú pensabas en mí y me amabas. Señor, ¿quién soy yo para que me ames tanto? Mi alma suspira por Ti día y noche y quiero amarte con toda mi capacidad. Quiero abrazarte y darte todo mi cariño y todos los besos de mi corazón. Quiero cantarte como los pájaros, que no se cansan de cantarte y alabarte. Te amo, Señor, y confío en Ti. Por eso, no quiero preocuparme por las tempestades... No quiero estar angustiado por el futuro y por los peligros de la vida. Sé que puedo dormir tranquilo en tus brazos, sabiendo que Tú cuidas de mí, porque me amas.

Gracias, Señor, por velar mi sueño por las noches. Ayúdame a reconocer en el silencio suave de la noche, a la luz de las estrellas, que Tú estás velando sobre mí desde el sagrario más cercano. ¡Qué hermoso es pensar que me amas tanto que no puedes olvidarte de mí y estás continuamente pensando en mí! Yo sé que, cuando me olvido y no vengo a visitarte, te sientes triste. Por eso, quiero hacer el propósito de nunca dejar de venir, quiero estar aquí cada día al pie de tu sagrario para decirte cuánto te amo. Te amo tanto que ni toda la eternidad será suficiente para decirte cuánto te amo.

Contigo no temeré afrontar peligros y enfermedades. Contigo podré luchar y vencer los problemas. Contigo no tengo miedo, porque Tú eres un Dios todopoderoso y yo confío en Ti. Si estoy contigo, ¿qué puedo temer? Te quiero Jesús y quiero escribirlo con letras de oro en lo más alto del cielo para que todos lo vean. Te quiero, Jesús, ilumina mi vida para verte mejor con los ojos de la fe, para verte presente en la Eucaristía. Dame tu Corazón para amarte con tu propio amor. Tuyo soy y tuyo quiero ser para siempre. Tú eres lo más importante de mi vida, el centro de mi corazón, la razón de mi existir. Y siento tu amor, que, desde el sagrario, ilumina mi vida y me hace más feliz. GRACIAS.

Querido Jesús, te doy gracias por mi vida. Reconozco que, a veces, he perdido el tiempo, pero quiero, a partir de ahora, aprovechar el tiempo al máximo para hacer el bien a mis hermanos. Cada día, al amanecer, quiero levantar mis manos a Ti y decirte de corazón: GRACIAS por este nuevo día, que es un regalo de tu amor. Y me diré a mí mismo: Hoy comienzo el resto de mi vida. Hoy quiero amar con un nuevo amor a todos los que me rodean. Hoy extraigo todo el odio de mis venas y comienzo una nueva etapa, con la firme intención de servir, ayudar y hacer felices a los demás.

No quiero estancarme en mis costumbres y rutinas. Quiero avanzar más y más en el camino de mi santificación personal. Quiero alegrar a todos los que estén a mi alrededor. ¡Cuánto puedo hacer cada día! Sonreír a un anciano, orar por un enfermo, abrazar a un amigo, alegrar a un niño, dar un regalo a quien lo necesite, prestar mi ayuda desinteresada a quien está en necesidad...

Quiero vivir a tope cada momento presente, porque la vida se va tejiendo, momento a momento, con un conjunto de detalles. Sé que cada momento es irrepetible y quiero vivirlo en plenitud. Ayúdame, Señor. Lo que pueda hacer hoy, no lo dejaré para mañana. Quiero llenar cada día con amor. No quiero que sea un día más o un día como uno de tantos en la historia de mi vida. Cada día quiero que sea el mejor de mi vida. Quiero que sea un día, en cierto modo, divino, pues quiero ofrecértelo con amor. Y quiero regalar flores de amor y mensajes de cariño a todos los que pasen a mi lado. Ayúdame, Señor Jesús, a cumplir bien la misión que Tú me encomiendas: hacer felices a todos sin distinción. Y, cuando te falle y me deje llevar de la ira o de la incomprensión..., perdóname. Sé que no soy perfecto y voy a caer, pero cuento contigo. Si Tú estás conmigo, no me importa caer cincuenta veces, lo importante es que no me sienta derrotado y no me desanime, sino que siga adelante en este camino de amar cada día más y mejor a mis hermanos.

Jesús mío, te amo con todo mi corazón. Concédeme que toda mi vida sea un caminar hacia tu presencia eucarística en el sagrario. Te entrego todas las flores del jardín de mi alma y todos los besos de mi corazón. Aquí en el sagrario te dejo mi corazón con todo mi amor.

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Señor, te doy gracias por todas las veces que, a lo largo de mi vida, he podido estar a tus pies, adorando tu presencia real ante el sagrario. Quiero agradecerte por todas las veces en que me has hecho sentir sensiblemente tu presencia eucarística. Han sido muchas veces las que, de modo callado, me has hecho sentir que me amas.

Por ello, quiero decirte GRACIAS. Señor, es cierto que con frecuencia, me he dormido a tus pies o me he distraído, pero no me importa. Quiero ser como un perrito, que está confiado y tranquilo a los pies de su amo. Quiero estar haciéndote compañía, como si fueras un enfermo que necesita compañía. Quiero alegrarte y hacerte reír para que no te sientas solo.

Y por las noches interminables, en las que nadie viene a visitarte, quiero que mi ángel te acompañe y te haga feliz con su compañía. Quisiera tener millones de ángeles a mi disposición para enviarlos todas las noches y todos los días, a todas las horas, a que te hagan compañía... Jesús, te ofrezco mi vida y te ofrezco mi amor con todos los besos y flores de mi corazón. Quiero que toda mi vida sea para Ti.

- Gracias, hijo querido, gracias por tu amor y tu compañía. Me siento contento de verte ante Mí y, cuando comulgas, todavía me siento más feliz, porque en ese momento estamos unidos en un abrazo de amor. Cuando vienes a visitarme, mi amor te envuelve como un manto, aunque no lo sientas. Por eso, te pido que hagas un verdadero acto de fe en mi presencia eucarística. Cree en Mí y piensa que yo, tu Dios, te miro con infinito amor.

¿Te imaginas lo que esto significa? ¿Qué yo tu Dios estoy pendiente de ti? Tengo todo mi tiempo exclusivamente para ti. Tú eres tan importante para Mí que mi amor es todo para ti, como si fueras la única persona existente en el mundo. Tú eres mi hijo y yo quiero ser tu amigo. Quizás, a veces, puedes sentirte preocupado por mi silencio; pero no temas, yo te escucho siempre y tomo nota de todo lo que me dices. Yo guardo silencio para que tengas tiempo de hablarme, pero también quiero que me escuches, pues tengo muchas cosas que decirte. Te amo, hijo mío, no lo dudes y recuerda que el sagrario es la fuente viva del amor y la fuente del amor vivo. Y quiero que tú seas un sagrario viviente y me lleves siempre en tu corazón. Imítame en el silencio que guardo en la hostia blanca. No hables, sino para decir algo mejor que el silencio. Ámame en silencio, háblame con tu silencio amoroso. El amor no necesita de palabras para expresarse y yo espero que me manifiestes tu amor a través de pequeños detalles. Cuento contigo, te amo y te espero. Pasaré toda la noche, pensando en ti y te esperaré. ¡Hasta mañana!

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Señor, haz lo que creas mejor para mí. Si quieres que esté en tinieblas, bendito seas; y, si quieres que esté en la luz, también bendito seas. Si te dignas consolarme, bendito seas; y, si me quieres dar tribulaciones, también seas bendito. Señor, de buena gana padeceré por Ti todo lo que desees para mí. Quiero recibir de tu mano, lo bueno y lo malo, lo dulce y lo amargo, lo alegre y lo triste, y darte siempre gracias por todo. Porque, con tal de no apartarme de Ti, nada podrá hacerme daño (Kempis 3, 17).

Señor, quítame el miedo a dejarme amar por Ti. Quítame el miedo a amarte sin condiciones. Quítame el miedo a amar a los demás sin esperar recompensa. Quítame el miedo al dolor, a la enfermedad y a la muerte. Quítame el miedo a tus exigencias. Y dame valor para dejarme amar por Ti hasta las últimas consecuencias. Y confiar en Ti hasta el punto de creer que tu amor y tu providencia velan continuamente sobre mí para darme lo que más me conviene en cada momento.

- Hijo mío, ¿no es hermoso para ti saber que tu nombre está siempre escrito dentro de mi Corazón? ¿Que tú eres precioso a mis ojos? Por eso, no temas. Yo nunca me puedo olvidar de ti. Cada día hago salir el sol para alegrarte. Y, si algún día sientes sobre ti el peso de la tragedia y no puedes soportar tanto dolor, piensa que yo, tu Dios, lo permito todo por tu bien. ¿Crees que, si te descubren un cáncer, yo no lo sé? ¿Crees que el cáncer en ti, o en ese amigo o familiar, ha surgido por azar o casualidad? ¿Crees que hay algo que se escape de mi control divino, si tengo contados hasta los cabellos de tu cabeza? Y, si yo lo permito, debes darme un voto de confianza, aunque no lo entiendas, y creer en mi amor por ti y confiar en Mí. No pienses que te estoy castigando por tus pecados pasados. NO. No pienses que no te amo, porque consideras que no escucho tus oraciones y no te doy la salud que tanto me pides... Yo tengo mis planes sobre ti y tu familia. Confía en Mí. Desde toda la eternidad, he decidido los años y días de tu existencia en la tierra. No temas, yo sé lo que hago, confía en Mí. Y acepta mis planes con amor y sin rebelarte. Lo que más me duele es tu falta de confianza. Confía en Mí y me darás una gran alegría. Y, si te ha llegado tu último momento y he decidido llevarte conmigo, no tengas miedo, yo velaré por los tuyos. Yo los cuidaré mejor que tú y los quiero más que tú, porque antes que tuyos son también mis hijos.

Por eso, te pido que confíes en Mí y me digas siempre: Jesús, yo te amo y yo confío en Ti.

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Señor, quiero agradecerte en este momento por mi vida. Reconozco que es un don precioso que Tú me has dado y debo agradecerte. GRACIAS. Señor, quiero pedirte ayuda. Concédeme la pureza que tanto necesito. Quiero ser puro, pero, a veces, me desanimo. ¡Qué sencillo es dejarse llevar! Hay momentos en que me siento débil. Por eso, ayúdame, Señor, en mi debilidad. Dame fuerza y energía para luchar. Y constancia para no bajar la guardia, porque quiero amarte con toda mi capacidad de amar, cueste lo que cueste, aunque me duela el privarme de mis vicios y egoísmos.

Señor, cuando sienta el vértigo del placer y esté próximo a caer en la tentación, dame fuerza para luchar contra corriente. Dame valor para no caer en la mentira fácil o en la adulación falsa. Y, cuando parezca que todo me sale mal, dame luz para entender tus designios sobre mí. Por eso, quisiera decirte la oración, que un impedido físico escribió para Ti. Señor, te había pedido fuerza para triunfar y Tú me has dado flaqueza para aprender a obedecer con humildad. Te había pedido salud para realizar grandes empresas y Tú me has dado la enfermedad para aprender a amar. Deseé la riqueza para llegar a ser feliz y Tú me has dado pobreza para alcanzar sabiduría. Quise tener poder para ser apreciado por los hombres y Tú me diste debilidad para que llegara a tener deseos de Ti. Pedí una compañera para no vivir solo y Tú me diste un corazón para que pudiera amar a todos los hombres. Anhelaba cosas que pudieran alegrar mi vida y me diste la vida para que pudiera gozar de todas las cosas. No tengo nada de lo que te he pedido, pero he recibido todo lo que había esperado. Porque, sin darme cuenta, mis plegarias han sido escuchadas. Y yo soy, entre todos los hombres, el más rico, porque te tengo a Ti y contigo ¿qué más puedo pedir?

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Señor Jesús, te amo y mi único deseo es amarte hasta el último suspiro de mi vida. Te amo, Dios mío, y prefiero morir amándote que vivir un solo instante sin tu amor. Te amo, Señor, y solamente deseo el cielo para tener la dicha de amarte plenamente. Oh Jesús, si mi lengua no puede decir a cada momento que te amo, quiero que cada latido de mi corazón sea un suspiro de amor por ti. En este momento, te pido que recibas la ofrenda de todos mis latidos y los conviertas en flores de amor para Ti. Te amo, Señor, con toda mi capacidad de amar.

Quiero alabarte a Ti, mi Dios, a quien todas las cosas deben la vida y la existencia. A Ti, que diste luz y brillantez a las estrellas. A Ti, que colocaste sonidos y alabanzas en el campo, en el bosque, en el aire y en el mar. A Ti, que diste voz al hombre para que te cantara eternamente.

Que todo el mundo cante las maravillas de la naturaleza salida de tus manos, que toda criatura te alabe con su canto interior. Que te bendiga el arroyo y el mar, que te bendiga el cielo con su azul sin igual, y la tierra y los vientos... Y el árbol con sus cuerdas tendidas para abrazar al sol y las aves que han recibido de Ti su inspiración. Que te bendiga el hombre y que todo el universo sea un concierto de armonía, de amor y de alegría, de paz y de amistad. Que todos juntos, a una sola voz, elevemos nuestro canto de amor a Ti, Señor. Gracias por el sol y por la luna, gracias por los ríos y las selvas, por las nubes, el viento y el mar, por la noche y su misterio, por la nieve y las montañas, por el día y las llanuras, que verdean como el mar. Gracias por el universo entero. Gracias por mi vida y mi familia. Gracias por haberme creado, Señor.

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Señor, en este día, en que me encuentro alegre por venir a visitarte, quiero cantarte en unión con toda la creación y manifestarte así todo mi amor y mi cariño hacia Ti, mi Señor y mi Dios. Esta oración, que es alabanza, te la dedico con amor:

Bendecid al Señor todos los seres, bendecid al Señor. Bendecidlo pastores de las anchas llanuras y vosotros los tigres del África ignorada, águilas que miráis de frente al sol, borrascas de los Andes, tibias lluvias, cayendo en las palmeras inclinadas de calor, barcos perdidos en las playas remotas, arenas del Sahara, selvas impenetrables, bendecid al Señor. Que te bendigan, Señor, las catedrales todas, con vidrieras que nadie ha podido alcanzar. Bendígante las islas sin playas ni bahías y los delgados arrecifes de coral. Bendígante la voz del vendedor de frutas y este vaso de vino que me voy a tomar, y el pez ciego de extraños colores, que se desliza en la sima abismal. Alábente, Señor, las estrellas y las nubes. Digan tus alabanzas las campanas, que suenan solas en la tempestad. Digan tu gloria los acordeones en los puertos y el humo quieto sobre el volcán. Alábente los faros de pie en el litoral, los trigales y las rosaledas y los leños en el hogar. Te bendiga el que ara en los campos, el que cava en las minas, el que pesca en el mar. Bendígante la noche, y el día te bendiga, que te dé gloria el gozo y te alabe el dolor; te bendiga la niebla y el cielo limpio, el que contigo está y el pecador, el sediento que anda buscando el manantial y el hambriento que necesita el pan. Que te bendiga mi alma, Señor mío, y te dé gracias por tu amor y paz. Todos los seres unidos, la creación entera, bendigamos juntos al Señor.

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CÁNTICO DE LAS CRIATURAS

Omnipotente, Altísimo y bondadoso Señor, tuyas son la alabanza, la gloria y el honor, tan solo Tú eres digno de toda bendición y nunca es digno el hombre de hacer de Ti mención. Loado seas por toda criatura, mi Señor, Y, en especial, loado por el hermano sol, que alumbra y nos calienta y es bello en su esplendor y lleva por los cielos noticia de su autor. Y por la hermana luna, de blanca luz menor, y las estrellas claras que tu poder creó. Y por la hermana agua, preciosa en su candor, que es útil, casta, humilde, loado mi Señor. Por el hermano fuego, que alumbra al irse el sol, y es fuerte, hermoso, alegre, loado mi Señor. Y por la hermana tierra, que es toda bendición, la hermana madre tierra, que da en toda ocasión, las hierbas y los frutos y flores de color y nos sustenta y rige, loado mi Señor. Y por los que perdonan y aguantan por tu amor los males corporales y la tribulación; felices los que sufren en paz con el dolor, porque les llega el tiempo de la coronación. Y por la hermana muerte, loado mi Señor. Ningún viviente escapa de su persecución. ¡Ay, si en pecado grave sorprende al pecador! Dichosos los que cumplen la voluntad de Dios. No probarán la muerte de la condenación. Servidle con ternura y humilde corazón. Agradeced sus dones, cantad su creación. Las criaturas todas, load a mi Señor. ADORANDO A JESÚS

Hora feliz de dicha y de ventura en que a tus pies me postro, mi Señor. En la que mi alma escucha con ternura, llena de gratitud y de dulzura, el íntimo lenguaje de tu amor.

Ahí estás, en esa hostia inmaculada. En este instante, sólo para mí. Y yo, de las criaturas alejada, aquí, al pie de tu altar arrodillada, también estoy tan sólo para Ti.

El uno para el otro. ¡Qué ventura! Los dos a solas. ¡Qué felicidad! Dios muriendo de amor por su criatura y diciéndole, lleno de ternura: ¿Me das tu corazón, con gran premura?

Sí, mi Jesús, el corazón te entrego, mas, a cambio, yo el tuyo solicito para que abrazados en el mismo fuego, podamos abrazarnos en tu amor.

Éste ha sido por siempre mi deseo, aunque mil veces te haya sido infiel. Por tu Madre dulcísima he sabido que hay en tu amante corazón un nido y ansiosa estoy de reposar en él. Cual ave fatigada y perseguida, huyo acosada del maligno cruel. Y en vano busco en esta triste vida algo que alegre mi alma adolorida y lejos de Ti, mi Dios, no lo hallaré.

Oh mi Jesús, amable y dulce amante, ya corre por mi frente la sangre de tu ardiente Corazón. La ofreceré con mi oración ferviente para alcanzar a todos tu perdón.

¡Piedad para la Iglesia tan querida! ¡Luz y fuerza al piloto que la guía! Oh Jesús, nuestra plegaria unida dará a los pecadores nueva vida, vida de paz, de dicha y alegría.

Que las almas se salven, que te adoren, que caigan a tus pies de amor henchidas y los ultrajes que recibes lloren..., dándote a cambio con amor sus vidas.

Bendice, oh Dios, a quien por ti he dejado y no puedo borrar del corazón... Bendice a mi familia, a mis hermanos, y a todos los que quiero y te he entregado.

¡Oh, mi Señor, a quien adoro! ¡Cuán rápido el tiempo ya ha pasado! ¡Cuán presto se acabó mi adoración! Quisiera levantar aquí mi tienda, como Pedro en la cumbre del Tabor, y quedarme para siempre aquí a tu lado, dejándote mi pobre corazón...

- Gracias, hijo mío, por tu vida. Gracias, hijo mío, por tu amor. Gracias por todo lo que me has dado y gracias por tu pobre corazón...

Aquí estoy y aquí te espero, como Padre y hermano, como amigo y Maestro, como Dios y Señor.

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- Señor, aquí estoy para servirte. ¿Quieres mis manos para dar amor a los pobres y enfermos? Señor, te doy mis manos. ¿Quieres mis pies para pasar el día, visitando a los encarcelados, a los necesitados o a los marginados? Aquí están mis pies. ¿Quieres mi voz para pasar todo el día, hablando a quienes necesitan palabras de amor? Aquí está mi voz. Señor, ¿quieres mi corazón para amar día y noche a quienes me rodean? Aquí está, Señor, mi corazón y mi vida. ¿Quieres mi dolor para seguir salvando a los hombres? Aquí está mi dolor y todo lo que tengo y todo lo que soy. Todo lo que tengo es tuyo, ahora y para siempre. Te entrego, Señor, las melodías de mis canciones. Te ofrezco todas las flores del jardín de mi alma y todos los besos de mi corazón enamorado. Te ofrezco mi vida y te ofrezco mi corazón con todo mi amor.

Señor, cuando esté enfermo, deja que mi corazón te busque y se desahogue contigo. Desciende con tu amor hasta mis miedos, mis oscuridades y mis dudas. Llena con tu presencia mis silencios vacíos, alienta mi esperanza decaída, ayúdame a abandonarme en Ti y a ser agradecido en todo momento.

Haz que mis ojos nunca dejen de mirarte, pues en Ti encontré la fuerza para seguir esperando. Y haz que tu amor me inunde y tu luz me ilumine para seguir esperando contra toda esperanza, en este largo camino de la vida. JESÚS TE DICE

Hijo mío, sé que estás enfermo y estás preocupado, por tu salud. Sé también que tienes a ese familiar que te preocupa. Sé que sufres y, por eso, quiero pedirte que me ofrezcas tus dolores para convertirlos en méritos de salvación para tus hermanos. No tengas miedo al futuro ni a la muerte. Déjalo todo en mis manos y confía en Mí. Tienes derecho a quejarte. Yo te comprendo y te escucho. Háblame sin miedo de tus sentimientos y de tus problemas o tristezas. Pero toma tu cruz con cariño y ofrécemela. No la tires. No te rebeles. No te desesperes. Los ángeles del cielo están pendientes de ti, esperando una respuesta positiva a tu dolor. Tus antepasados y familiares difuntos, desde el cielo, esperan mucho de ti. Y debes ver la enfermedad como una oportunidad que yo te doy para mejorar y aprender a amar. No la veas como un castigo. No te sientas inútil, porque los demás no te valoren. Pide oraciones, porque la oración es muy eficaz. Y permíteme que yo mismo rece por ti.

Hijo mío, pongo mis manos sobre tu cabeza y sobre tu corazón, sobre tu vida y sobre tu familia y te bendigo. Mi bendición es salud y paz. Yo te bendigo y te cubro con mi sangre derramada en la cruz y te protejo de todo poder del maligno. Hijo mío, ven a Mí para abrazarte con amor. Ven a comulgar para recibir mi abrazo cada día. En ese momento de la comunión, tócame con fe como la mujer hemorroísa del Evangelio, que pensó: Si yo lo toco, quedaré sana. Y yo la sané, porque vi su fe, que esperaba un milagro. Tócame con fe en la Eucaristía. Ven cada día a recibir mis rayos luminosos que salen del sagrario, báñate cada día en mi luz divina; y esta luz invisible, pero real, te dará salud y paz. No te olvides de perdonar; porque, si hay alguien a quien guardas rencor, no podría sanarte hasta que lo perdones. El rencor es una barrera impenetrable para mi amor divino.

Recuerda también lo que te he dicho en mi Palabra: Hijo mío, si caes enfermo, no te impacientes; ruega al Señor y Él te sanará... Y llama al médico, porque el Señor lo creó; no lo alejes de ti, pues te es necesario. Hay ocasiones en que logra acertar, porque también él oró al Señor para que pudiera procurar alivio y sanar al enfermo (Eclo 38, 9-14).

Y, cuando te sanes, ayuda a los demás, visita a los enfermos, consuélalos, hazles pequeños servicios... ¡Hay tanto que se puede hacer para consolar, animar, ayudar, alegrar y bendecir¡

Te he escogido, desde toda la eternidad, para que seas mi instrumento de sanación y salvación para tus hermanos. No lo olvides, y haz siempre el bien a todos para que yo me sienta orgulloso de ti.

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Querido hijo, te agradezco por venir a visitarme. Te diré que me acompañan millones de ángeles, pero yo me he quedado en el sagrario por los hombres, no por los ángeles. Muchas veces, me siento solo y nadie viene a visitarme. Extraño la compañía de los hombres y, por eso, me paso mi tiempo solitario, rezando por ellos. Tengo mucho que hacer en los sagrarios. Debo interceder ante mi Padre por todos los hombres del mundo. Debo orar por los sanos y por los enfermos, por los justos y por los pecadores. Tengo que rezar por los ricos y por los pobres y, sobre todo, por los que no quieren perdonar y no quieren creer en Mí.

Hijo mío, ¡hay tanto pecado en el mundo! Tengo que derramar sobre el mundo mis bendiciones y llenar de amor a todos sin excepción. Sólo los que me rechazan se quedan privados de tantas gracias, que quisiera derramar sobre ellos. Sin mi oración de intercesión, el mundo no podría existir. Por eso, te invito a unirte a Mí para rezar por todos tus hermanos del mundo; especialmente, por los más necesitados. Piensa en mis sacerdotes, que están celebrando la misa y se unen a Mí en oración. Piensa en los que en cada momento están en oración. Pero piensa también en aquellos que me ofenden y me rechazan y no quieren perdonar. Desde mis sagrarios, irradio luz y amor sobre todos los hombres. Mis bendiciones llegan a todos, pero ¡hay tan pocos que me aman! ¡Hay tantos que se burlan de Mí, porque no creen en Mí! ¡Ayúdame a reparar tanta indiferencia! ¡Ayúdame a amarlos a todos! ¡Ven a consolarme de tantas ofensas que recibo! ¡Ven a hacerme compañía! Yo te llenaré de innumerables bendiciones, porque te amo tanto que nunca tu inteligencia humana podría comprenderlo.

Por eso, hijo mío, ven aquí. Estemos juntos unos momentos cada día, orando por todo el mundo y, en especial, por tus seres queridos y por todos los que amas. No temas, ven, yo te bendeciré y te llenaré de mi amor para que puedas hacer más felices a todos los que te rodean.

Gracias, hijo mío, por haber venido a visitarme.

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Hijo mío, quiero que siempre me visites y escuches mis palabras. Yo te amo y te he amado desde toda la eternidad y te seguiré amando por los siglos de los siglos sin fin. Tú eres mi hijo y YO TE AMO.

Cuando te sientas solo y creas que nadie te quiere, ven aquí y escucha las palabras que salen de mi Corazón divino: No tengas miedo, solamente confía en Mí (Mc 5, 36). Tú eres a mis ojos de gran precio, de gran estima y yo te amo mucho. No tengas miedo, porque YO ESTOY CONTIGO (Is 43, 4-5).

No temas, no te angusties por los problemas. Si nadie te quiere, YO SÍ TE QUIERO. Ven confiadamente. YO SOY AMOR, PERDÓN Y MISERICORDIA. Ven a Mí para darte la paz que tanto necesitas.

Hijo mío, si supieras cuánto te amo, morirías de alegría. Por eso, aleja de ti la tristeza, la angustia o la desesperación. Y recuerda que siempre que me necesites y tengas problemas, yo estoy aquí esperándote. No importa la hora, yo siempre estoy despierto, esperándote. No tengas miedo a nada ni a nadie. ¿Acaso puede haber alguien o algo que te pueda hacer daño sin mi consentimiento? ¿Tienes miedo a la muerte o a la muerte de un ser querido? ¿Tienes miedo a una enfermedad incurable? No temas. Yo todo lo permito por tu bien (Rom 8, 28). En el peor de los casos, en que se hagan realidad tus más pesimistas previsiones, yo estaré a tu lado y te daré fuerza para seguir luchando. Recuerda que la vida es una oportunidad que yo te he dado para aprender a amar. Amar es lo único que importa en la vida. Crecer en el amor es la única meta deseable. Por eso, no busques tanto los placeres y diversiones. No pienses tanto en tener y tener dinero y cosas materiales. Piensa en vivir bien para la eternidad. Al final, yo te preguntaré cuánto has amado. Y, según tu capacidad, así serás feliz eternamente. Tu cielo será tan grande como la medida de tu amor.

Hijo mío, aprende a amar, nunca digas que amas bastante, porque el camino del amor es un camino infinito, que nunca lo recorrerás suficientemente. Nunca digas que ya eres bueno y no necesitas mejorar. Nunca te canses de amar. Di a todos los que te rodean que los amas. Díselo con palabras o sin palabras, pero díselo, pues ellos necesitan de ti para ser felices. Tú no eres una persona insignificante, que nadie tiene en cuenta. Yo sí te tengo en cuenta y te necesito para hacer más felices a tus hermanos. No te canses de hacer el bien y, si no puedes hacer el bien, nunca hagas daño a nadie. Nunca odies, nunca mates ni con el pensamiento. No digas: No puedo perdonar. Si te es difícil perdonar, yo te daré mi perdón para perdonar y mi amor para amar. No tengas miedo. Confía en Mí y ámame. Yo te amo y te necesito.

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Querido hijo, amigo mío, cuando allá, en el principio de los siglos, decidí crearte, yo te amé. Desde entonces, siempre te he llevado con mucho cariño en mi Corazón y he soñado contigo y te he dicho palabras de amor en el fondo de tu ser. ¿No lo crees? ¿No me crees? Yo te he amado desde toda la eternidad (Jer 31, 3). No lo dudes, porque mi amor por ti viene desde toda la eternidad y llegará hasta la eternidad sin fin, que te seguirá después de tu muerte. Yo no puedo dejar de amar a ninguno de mis hijos, a quienes he creado con infinito amor. Pero respeto su libertad y, si alguien no quiere amarme, lo respetaré, aunque me rechace eternamente y prefiera irse a vivir para siempre en compañía de los demonios en el infierno. Yo a nadie arrojaré al infierno por sus malas acciones, siempre le daré la oportunidad de arrepentirse y siempre estaré dispuesto a perdonarlo. Sólo los que no quieran recibir mi perdón ni acepten mi amor serán los que vivirán su infierno, que ellos mismos se han fabricado con su negativa a amarme. Yo no puedo obligar a nadie a amarme. Los he creado libres y libres quiero que sean mis hijos para amarme o rechazarme por toda la eternidad.

He ahí la tragedia de algunos de mis hijos, que hacen sufrir a mi Corazón divino. Algunos prefieren adorar al diablo a adorarme a Mí. ¡Qué tremenda equivocación y desgracia! Por eso, te pido que me ayudes a salvarlos mientras todavía tenemos tiempo. Reza mucho por los pecadores y por tus familiares alejados de Mí. Ofréceme tus oraciones, sacrificios y obras buenas por su salvación para que, aunque sea en el último momento, puedan aceptarme y salvarse. Gracias por ayudarme.

Cuando vienes a visitarme me siento contento y puedo decirte: Tú eres mi hijo muy amado en quien tengo puestas todas mis complacencias (Mt 17, 5). Yo nunca te dejaré ni te abandonaré (Jos 1, 5; Heb 13, 5). Y ahora cuéntame todo. Todo lo tuyo me interesa. También tus fracasos y tus penas. Lo que más me duele es que desconfíes de Mí. Por eso, si me amas, confía en Mí; si quieres amarme más, confía más en Mí; si quieres amarme inmensamente, confía inmensamente en Mí.

Y cuando lleguen los días oscuros en que el demonio te haga dudar de Mí y de mi presencia eucarística, no razones mucho. No dudes, ama. La Iglesia te habla de mi presencia eucarística, el Evangelio también, todos los santos sin excepción creían en Mí y he hecho muchos milagros para confirmar mi presencia real en este sacramento. Cree en Mí y ámame.

Querido hijo, ¿estás cansado? Ven a Mí. Estás triste, ven a Mí. Ven a Mí y no temas. Si yo estoy contigo, ¿a quién puedes temer? Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros? (Rom 8, 31).

Hijo mío, te amo y siempre te amaré. Te bendigo.

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Hijo mío, quiero que me ayudes en la gran tarea de la salvación de tus hermanos. Lleva tu cruz de cada día con resignación y ofréceme tus dolores y enfermedades por ellos. Haz sacrificios voluntarios para ofrecérmelos como flores de amor. Puedes privarte de una golosina, de un programa de televisión, de un gusto o capricho, de algo que te guste..., pero hazlo por amor y con amor. No de mala gana. Yo quiero apóstoles alegres con la sonrisa en los labios. Y ofréceme también las obras buenas de cada día: tu trabajo, tu descanso, tu caminar, tu paciencia, tu comprensión con los demás, tu sonrisa y tu amor sincero. ¡Hay tantas maneras de hacer felices a los demás!

No te preocupes mucho de hacer nuevas novenas o de comprometerte con nuevas y costosas oraciones o prácticas de piedad. Ven a visitarme cada día y cuéntame tus cosas. Cuéntamelo todo para hacerme feliz. Todo lo tuyo me interesa. Si estás cansado o preocupado y no tienes palabras adecuadas para expresarte, no importa. Ven a Mí con confianza, quédate a mi lado en silencio. Yo te entiendo y lo sé todo. Yo soy tu Dios y te amo. No tengas miedo. Cuéntamelo todo.

Ayer te vi preocupado al salir de casa, y pensé que querías hablar conmigo. Al llegar la tarde te di una hermosa puesta de sol y esperé, pero no viniste. Sin embargo, quiero decirte que aún te amo y te espero. Te vi dormir en la noche y te envié rayos de luna para besar tu frente... Esperé hasta la mañana, mas tú, con tu prisa, tampoco me hablaste ni viniste a verme. Entonces, mis lágrimas se mezclaron con la lluvia que caía. Hoy te veo triste y quisiera consolarte con mis rayos de sol, con mi cielo azul, con el verde de los campos y el aroma y el color de mis hermosas flores. Te grito mi amor a través del susurro de las hojas agitadas por el viento, a través del canto de los pájaros y del rumor del riachuelo. Y dentro del bullicio de la ciudad, te sigo persiguiendo con mi amor, porque no puedo vivir sin ti.

¿No escuchas mi voz en el fondo de tu alma? Mi amor por ti es más profundo que el mar y más alto que las más altas montañas, porque es infinito y di mi vida por ti. Hijo mío, quiero verte alegre y feliz, quiero ayudarte... ¿Estás muy ocupado? ¿Tienes cosas muy importantes? No te preocupes por Mí, puedo seguir esperando, porque te amo. Pero, al menos, aunque no vengas a visitarme, dime lo que te pasa para consolarte. Y, cuando tengas tiempo, ven a visitarme, porque para Mí, cada vez que te veo aquí junto al sagrario, es como una fiesta y me das una gran alegría. Gracias, hijo mío, por escucharme y por las veces que, a lo largo de tu vida, has venido a visitarme. Te espero para escucharte, ayudarte y hacerte feliz.

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¡Cuánto amo a las almas puras! Quiero que tu alma sea un templo y un sagrario, donde pueda sentirme a gusto. La pureza del alma y del cuerpo atrae siempre mis mejores gracias y bendiciones. Las almas puras son mi corona y las predilectas de mi Corazón. ¿Eres puro? Un alma pura es un alma transparente en todas sus obras y que hace de la sinceridad la norma principal de su vida. Un alma pura es un alma limpia, sin pecado... Un alma que busca siempre mi voluntad y no la suya. Es un alma que rechaza la pornografía y todo lo que sea impureza. Un alma que brilla con la sinceridad y la limpieza de cuerpo, alma y espíritu. Es un alma transparente. Un alma así me glorifica más que miles de almas vulgares.

El mundo está lleno de mediocres con vidas truncadas por el vicio, porque no han tenido la fuerza de voluntad de decirle NO a las pasiones. Pero tú debes volar a máxima altura y dar lo mejor de ti mismo. Huye de las ocasiones de peligro. Emprende cada día la lucha por la pureza. La pureza te dará coraje y audacia para cumplir tus deberes. Controla tus instintos. Vence la impureza con el control de tus pensamientos y deseos. No mires todo lo que se presenta en revistas, películas, videos o televisión...

En tu lucha contra la impureza no estás solo, yo siempre estoy contigo. Yo te necesito para que ilumines el camino de tus hermanos. Necesito tus manos para seguir bendiciendo. Necesito tus labios para seguir hablando. Necesito tu cuerpo para seguir sufriendo. Necesito tu corazón para seguir amando. Te necesito, hijo mío, para seguir salvando a tus hermanos.

Gracias, hijo mío, cuento contigo para salvar al mundo. Te necesito y espero mucho de ti. Recuerda que la pureza es la luz de Dios que brilla en el alma y que la pureza del alma es una obra de arte de Dios. La pureza es un tesoro engendrado por la abundancia del amor. Por eso, cuanto más me ames de verdad, más puro serás. En este momento, te cubro con mi pureza y te bendigo para que mi luz brille en tu corazón y seas puro y feliz.

- Señor, dame manos tiernas y castas para tocar y curar las heridas y sufrimientos de mis hermanos. Dame grandes alas para volar y pies fuertes para caminar por los caminos de la pureza y de la paz. Dame un corazón grande como el universo para que pueda amar de verdad, sin engaños, a los que me rodean. Y dame tu amor y tu alegría para alegrar la vida de mis hermanos. Señor, condúceme de la muerte a la vida, de la mentira a la verdad. llévame de la impureza a la pureza, de la desesperación a la esperanza, y de la oscuridad a la luz; para que haya en el mundo un poco más de pureza, de alegría y de amor. Aquí estoy, Señor, para servirte.

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Gracias, querido hijo, por venir a acompañarme unos momentos. Gracias por darte un tiempo para venir a verme. A veces, pensaba que no me querías, pues pasaban muchos días y no te veía. Tú eres una flor preciosa de mi jardín. Tú eres una persona muy importante para Mí. No te preocupes por el qué dirán, no te preocupes de nada, porque yo te amo a pesar de todo. Cuento con tu cariño y con tu amor. ¡Son tantas las ofensas que recibo en la Eucaristía! ¡Son tantos los que me dejan abandonado y se olvidan de Mí! ¡Son tantos los que me ofenden con sus sacrilegios! ¡Hay tanta indiferencia y frialdad en las almas! Por eso, te necesito y cuento con tu cariño.

Aquí en el sagrario encontrarás la fuerza que necesitas para ser santo. Aquí al pie del sagrario está la fuerza de la vida. Aquí está la fuente de la vida eterna. Aquí he formado a todos los santos y yo quiero que tú te hagas santo. Te encomiendo, especialmente, que reces por mis sacerdotes y religiosas. Pídeme que haya cada día más vocaciones religiosas y sacerdotales, empezando por tu propia familia. Pídemelo con perseverancia. Ninguna oración queda vacía. Toda oración es eficaz.

Hijo mío, soy un mendigo de amor. Estoy buscando corazones puros y sinceros, que me amen sin interés ni egoísmo. Busco quien me consuele y hallo muy pocos. Las aves del cielo tienen sus nidos, las zorras tienen sus madrigueras, pero yo no tengo dónde reclinar mi cabeza (Mt 8, 20). ¿No podrías darme hospedaje en tu corazón? ¿Acaso no lo tienes limpio y presentable?

Todos los días bajo a la tierra en cada misa, como en una nueva Navidad, y la mayoría de los hombres ni se entera. Y tú ¿por qué no vienes a celebrar conmigo cada día este gran misterio de la Navidad? Yo te invito y te estoy esperando, porque quiero bendecirte y hacerte feliz. Deja tus preocupaciones en mis manos y ven a la misa cada día. Recibe mi abrazo en la comunión. Date un tiempo para Mí. Quiero estar a solas contigo para decirte que te amo. Y quiero sentir tu amor. Dame tu amor, tus caricias, tu compañía. Soy un Dios celoso y espero mucho de ti. No temas, lánzate sin miedo a mis brazos y dime simplemente, confiadamente: Jesús, yo te amo, yo confío en Ti.

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Hijo mío, háblame con confianza como hablarías al más íntimo de tus amigos, como hablarías a tu madre o a tu hermano. ¿Quieres pedirme algo especial para alguno de tus seres queridos? Aquí estoy para escucharte. Dime qué quieres que haga por ellos. No vaciles en pedir. Tengo los almacenes llenos de gracias para ti y para todos los que me las pidan. Tengo más deseos de concederlas que ellos de conseguirlas.

Y para ti ¿no necesitas nada? Hazme una lista de tus necesidades y no temas. Quizás no te las conceda inmediatamente, pero tomo nota y te las daré en el momento oportuno. Yo tengo mi horario que, a veces, no coincide con el tuyo. Pero confía, eso es lo más importante. No te desanimes, porque no te lo concedo de inmediato o porque no te lo voy a dar, porque no está en mis planes. Déjame obrar a Mí. Déjame ser tu Dios. No me impongas tus ideas o tus planes. Déjame que actúe de acuerdo a mi voluntad divina, pues, en ocasiones, no doy lo que me piden, sino lo que me deberían pedir.

Hijo mío, no vaciles en pedirme, sobre todo, el don de tu santificación personal. Yo quiero que seas santo. Ése es el mejor pedido que puedes hacerme. Y el que más deseo concederte.

Cuéntame tus preocupaciones. ¿Qué tienes en mente? ¿Qué te angustia? ¿Qué quieres que haga por tus padres o familiares? ¿Tienes miedo a algo o a alguien? ¿Tienes resentimiento o rencor? Quiero liberarte de todo lo malo que hay en tu corazón. Ven a Mí, dame todos tus sentimientos negativos y te daré mi perdón para perdonar y mi amor para amar.

¿Y no tienes ninguna alegría que comunicarme? ¿No tienes algo que agradecerme? Cuéntame, ¿qué has hecho desde tu última visita? ¿Me has dicho GRACIAS por la vida, por la familia, por el trabajo, por tu fe católica y por la comida de todos los días?

- Gracias, Señor, por mi vida, por mi fe y por el amor que has puesto en mi corazón. Gracias, por María, que es mi Madre. Gracias por el ángel custodio, a quien tanto quiero. Gracias por todos mis familiares. Gracias por todo, Señor.

Y quiero decirte con todo mi amor en unión con el poeta: No me mueve mi Dios para quererte, el cielo que me tienes prometido, ni me mueve el infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte. Tú me mueves, Señor, muéveme el verte, clavado en esa cruz y escarnecido. Muéveme el ver tu cuerpo tan herido, muévenme tus afrentas y tu muerte. Muéveme, en fin, tu amor de tal manera que, aunque no hubiera cielo yo te amara y, aunque no hubiera infierno te temiera; pues, aunque lo que espero no esperara, lo mismo que te quiero te quisiera. Amén.

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Querido hijo, en la vida cometerás muchos errores y tendrás muchos fracasos, pero lo que no puedes hacer nunca es sentirte derrotado y sin ganas de luchar. En la vida hay algo peor que el fracaso: el no haber intentado nada. Cuando fracases en algo en que has puesto todo tu empeño, no te desanimes, levanta la cabeza, y mírame. Ven a visitarme, cuéntame tu tristeza y pídeme luz para continuar. No tengas miedo, yo te amo y estoy orgulloso de ti, si es que has puesto de tu parte todo lo que creías lo mejor. No importa el éxito material, lo importante para Mí es que has luchado y, aunque no hayas conseguido la meta propuesta, para Mí has triunfado. Y yo me siento muy orgulloso de ti.

Además, con los fracasos puedes aprender a mejorar para la próxima vez, adquieres experiencia y consigues sabiduría para el futuro. Por eso, no eches la culpa de tus errores a los demás. Es muy fácil para algunos justificarse, echando la culpa a otros y dejarse llevar por el odio y la violencia. ¿Acaso el pensamiento de vengarse podrá hacerlos felices? ¿Acaso el hacer daño a otro solucionará sus problemas? Todo lo contrario, el odio envenenará sus almas y los destruirá por dentro.

Hijo mío, perdona siempre a quien te haga daño. No te encierres dentro de ti mismo para llorar sin esperanza ante los problemas. Yo sigo confiando en ti y te daré nuevas oportunidades. Aprovéchalas. Estáte atento, pues se presentarán cuando menos lo pienses. Y debes tener una mente positiva para intentar el éxito otra vez. Mira siempre adelante, pues la vida continúa. No te eches atrás. Nunca digas que todo te sale mal, que Dios no te escucha o cosas parecidas, que no tienen sentido. No eches la culpa a la mala suerte ni busques en horóscopos o magos o curanderos la solución de tus males. Acércate a Mí, siéntate aquí, a mi vera, cerquita, lo más cerca que puedas, en la primera fila. Y dime lo que te pasa, cuéntamelo todo y verás cómo te doy una paz y una tranquilidad que no puede darte ningún sicólogo del mundo.

Lo importante en la vida es amar y aprender a amar. No importa tanto el vencer siempre, sino no desanimarse nunca. Y recuerda que yo te amo y te espero para ayudarte, cuando lo necesites. Gracias, hijo mío, por estos momentos en que me has consolado con tu compañía.

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Hijo mío, vive cada día como si fuera el último, como si fuera el único día que te queda de vida. Vive cada día con entusiasmo, haciendo las cosas lo mejor posible. No seas mediocre. No hagas las cosas de cualquier manera, por cumplir. No hagas siempre lo estrictamente necesario, da lo mejor de ti mismo. No seas comodón, esfuérzate al máximo. Tú eres mi hijo y yo espero mucho de ti. Aprovecha bien el tiempo. El tiempo es oro. Y es más grave perder tiempo que perder dinero. Porque el dinero lo puedes recuperar, pero el tiempo perdido nunca volverá.

Mira, hoy es el primer día del resto de tu vida. Nunca has sido más viejo que ahora y nunca serás más joven. El tiempo se agota momento a momento. Vive en plenitud cada momento presente. Tómalo en tus manos con cariño y ofrécemelo con amor. Sonríe a la vida y a tus hermanos. Yo te saludo con el aroma de las flores, con el hermoso amanecer y la inmensidad del mar. Mi cariño lo recibes a través de los rayos del sol, o de la sonrisa de los niños o del amor de tus seres queridos. Te pido que también tú me saludes y me des tu cariño.

Nunca niegues a nadie el saludo o tu perdón. No importa lo que hagan o digan de ti. Yo los juzgaré, tú ámalos. Habla bien de todo el mundo, elogia sus cosas positivas. No saques a relucir sus defectos ni los comentes con nadie. Y, cuando tengas que llamar a alguien la atención, hazlo con una sonrisa.

Como principio de tu vida, nunca mientas, sé limpio y transparente en todas tus cosas. No engañes, no hagas de tu vida una mentira. Reconoce tus errores y ofréceme tus dolores para que pueda transformarlos en méritos de salvación para tus hermanos.

Hijo mío, tu vida es una aventura fascinante. Valora y disfruta de las pequeñas cosas de la vida. No necesitas cosas caras o lujosas para ser feliz. Vive el presente con seriedad y responsabilidad. Haz bien lo que haces. ¿Has pensado alguna vez en tu gran dignidad por ser hijo de Dios? El no valorarte debidamente, me duele. ¿Por qué, a veces, te avergüenzas de ti mismo? ¿Por qué no te valoras, si te he dado tantas gracias y bendiciones? ¿Estás satisfecho de tu vida? Ven, acércate, hablemos de tus problemas y fracasos. Cuéntamelo todo y vamos a encontrar juntos las soluciones. Pero no te desanimes y sigue adelante. Siempre adelante... Piensa que tu vida es un gran regalo y que debes ser agradecido. Espero mucho de ti y cuento contigo para salvar al mundo. Te bendigo.

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Hijo mío, yo te amo tal como eres. No necesitas cambiar para que te ame. Pero sí deseo que mejores para amarme cada día más. Mira, en el mundo eres una persona única. No hay nadie que sea exactamente como tú. Nadie puede reemplazarte. Para Mí eres la persona más importante del mundo y te amo con todo mi infinito amor. A Mí no me importa tu apariencia, tu familia o tu pasado. Lo pasado, pasado está. Lo importante para Mí es el presente y que lo vivas en plenitud, no a medias o de mala gana. Yo te amo, a pesar de todos tus errores. Tú eres mi hijo más querido. Tú eres todo para Mí y, por eso, pienso constantemente en ti. Y tú ¿me amas? ¿Cuánto me amas? ¿Podrías decir con san Juan de la Cruz la oración del alma enamorada? Dímela con sinceridad y me darás alegría:

Míos son los cielos y mía es la tierra. Mías son las gentes. Los justos son míos y los pecadores. Los ángeles son míos y la Madre de Dios y todas las cosas son mías, y el mismo Dios es mío y para mí, porque Cristo es mío y todo para mí. Pues ¿qué pides y buscas alma mía? Tuyo es todo esto y todo es para ti.

Sí, hijo mío, si tú eres mío, todo lo mío es tuyo. Y puedes decir esta oración con toda verdad y sinceridad, pues, si yo soy tuyo, también son tuyos los cielos y la tierra con todos los seres y bienaventurados, pues todos somos UNO en mi mismo Corazón divino.

- Oh Dios mío, quiero ser tuyo para siempre, recibe la ofrenda de mi vida. Me entrego a Ti. Haz de mí lo que sea de tu agrado, sea lo que sea te doy las gracias. Estoy listo para todo, lo acepto todo con tal de que tu voluntad se cumpla en mí y en todas tus criaturas. No deseo otra cosa, Señor mío. Coloco mi alma en tus manos, te la doy con todo el amor de que soy capaz, porque te amo y confío en Ti. Por eso, me entrego en tus manos con una confianza sin límites, porque Tú eres mi Señor y mi Dios.

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Querido hijo, yo te amo con todo mi corazón y tengo muchas esperanzas en ti. Desde toda la eternidad he pensado en ti y he trazado un plan maravilloso para ti. No tengas miedo, porque yo siempre estoy contigo. Pase lo que pase, confía en Mí. Yo siempre estoy a tu lado. Puedes llamarme a cualquier hora del día o de la noche. Ponte en comunicación con el sagrario más cercano y, estés donde estés, envíame mensajes de cariño. Me sentiré feliz de escuchar tu voz, pues para Mí, mil kilómetros es como si fuera un par de metros.

Recuerda que yo te amo y estoy pensando siempre en ti y quiero lo mejor para ti. Quiero que triunfes en tus empresas. Por eso, sé siempre idealista, levanta tu mirada a lo alto. Ten siempre estrellas que alcanzar y vuela alto como las águilas. Las ideas te harán fuerte, pero tus ideales te harán invencible. Ten los pies en la tierra y los ojos en las alturas para hacer posible lo que parece imposible.

Hijo mío, cuando tienes éxito, me siento feliz. Yo quiero que triunfes en tu trabajo y en todo lo que emprendas. Cuenta conmigo para todo. Me sentiré orgulloso de poder ayudarte, cuando tengas dificultades. Además, no te olvides que tienes una Madre, mi propia Madre María, a quien también puedes acudir; y tienes un ángel hermoso, que siempre te acompaña para ayudarte.

- Jesús, dame humildad para aceptarme con mis propias limitaciones. Dame fortaleza para luchar; pues, a veces, soy débil, dame paciencia para intentar las cosas una y otra vez. Dame amor para amarte sin descanso y dame alegría para sonreír a los demás. Acepto mis limitaciones personales y te doy gracias por haberme hecho así. Te entrego mi pasado con mis fracasos y debilidades. Y te prometo que, a partir de ahora, lucharé con todas mis fuerzas para superarme y desarrollar mis cualidades. Hubiera querido tener brillantes cualidades, pero, confiando en Ti, no temeré los retos de la vida y lucharé sin descanso por conseguir las metas trazadas, sabiendo que Tú, mi Dios, me miras y te sientes orgulloso de mí y de mis triunfos y quieres hacerme feliz. Gracias, Jesús, te amo con todo mi corazón. *******

Querido hijo, no te preocupes tanto de tu apariencia física o de la tus defectos y limitaciones. Yo te amo así como eres. ¿Por qué no me pides prestados mis ojos para que puedas verte como yo te veo? Para Mí eres la persona más hermosa del mundo. Yo te he creado a mi gusto, como yo quería, para que fueras feliz y cumplieras una misión concreta en este mundo. Y te he dado las cualidades suficientes y necesarias para que cumplas tu misión. Por eso, no te devalúes a ti mismo. No te vendas fácilmente, mintiendo o halagando para obtener la estima de los demás. Yo te amo y no necesitas cambiar para que te ame. Pero me darás una gran alegría, si te superas y mejoras en tu modo de obrar. ¡Atrévete a ser mejor!

¿Por qué te rechazas a ti mismo? ¿No te gusta como eres? Así te quiero yo. No necesitas pintarte o hacerte cirugía estética para que te quiera, yo veo tu corazón y no sólo las apariencias. Así que respira hondo y sonríe. Yo te amo. No te preocupes demasiado de lo que los demás piensan de ti. Preocúpate de lo que yo pienso de ti. Tú eres un ser único en el mundo. Tú no eres fotocopia. Tú eres la persona que más quiero en el mundo, pues te amo con todo mi amor infinito y a nadie amo más que a ti. Los amo a todos por igual, pues todos son igualmente mis hijos. Te amo tal como eres. Por ti he creado el universo y por ti sería capaz de morir de nuevo en la cruz. ¿No lo crees? ¿Tan poco crees que vales? Todo mi tiempo lo tengo exclusivamente para ti. Nunca me encontrarás demasiado ocupado para atenderte. Cuando quieras hablar conmigo, siempre me encontrarás disponible. Nunca tengo cosas más importantes que Tú. No necesitas pedirme cita previa. A cualquier hora, cualquier día, te estoy esperando.

- Señor, gracias por tu amor infinito por mí. Quiero darte gracias por mi vida y por ser como soy.

Es maravilloso tener los brazos abiertos, cuando hay tantos mutilados. Mis ojos ven, cuando hay tantos sin luz. Mi voz canta, cuando hay tantos que no pueden hablar. Mis manos trabajan, cuando hay tantos que mendigan. Es maravilloso volver a casa cada tarde, cuando hay tantos que no saben a dónde ir, porque nadie los ama.

Es maravilloso vivir, cuando hay tantos que mueren antes de nacer. Es maravilloso creer en Ti, Señor, cuando hay tantos que no tienen fe. Es maravilloso, Señor, sobre todo, tener tan poco que pedir y tanto, tanto, que agradecerte. GRACIAS, Señor.

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Hijo mío, cuánto me consuela cuando vienes a verme. Gracias por tu visita. Tus lágrimas y tus besos de amor me confortan y me consuelan de tantos pecados y ofensas que recibo en el mundo entero. Yo también tengo un corazón humano y sensible, y también necesito compañía y amor. Adórame dentro de ti. Allí en tu corazón he puesto mi jardín y quiero que esté lleno de virtudes hermosas, especialmente de humildad. Pero veo que tu corazón tiene también muchas espinas y debes quitarlas para que sea un jardín hermoso y florido. ¡Cuánto debes todavía quitar y poner! ¡Cuánto silencio, amor, pureza y humildad necesitas! Pero no te desanimes, yo tengo paciencia contigo y te espero. Lo que más me agrada es tu buena voluntad y tu deseo de superación y santidad. Yo soy el divino jardinero y te ayudaré a limpiar el jardín de tu alma.

Quiero que tu alma esté siempre en flor como en primavera. Quiero que la sonrisa sea una flor espontánea en tus labios y que la ofrezcas como un regalo a los que te rodean. Sonríe a todo el mundo. Que nadie se aleje de ti sin ser mejor y más feliz. Ama, sirve, consuela, comparte, perdona, ayuda. No pongas condiciones... Ama sin esperar recompensa, yo te recompensaré. Y así me harás feliz más de lo que puedes imaginarte, porque, al hacer feliz a un hermano, me haces feliz a Mí.

- Jesús, en este momento de mi vida, quiero darte mi corazón entero. Mi corazón es para Ti y solamente para Ti. Por medio de María, me consagro a Ti y quiero que Tú seas el Señor y el Rey de mi vida. Te amo, Jesús, y quiero amarte sin cesar todos los días de mi vida. Me pongo en tus manos con una confianza sin límites, porque Tú eres mi Dios. Haz de mí lo que Tú quieras; puedes tomar o quitar lo que desees. Todo lo acepto como venido de tus manos, porque te amo y sé que todo lo que tú decidas, será lo mejor para mí. Señor, yo te amo y yo confío en Ti. Llévame a donde Tú quieras y escóndeme en tu divino Corazón. Amén. *******

Hijo mío, ámame con todo tu corazón. Cada día, al levantarte, dame los buenos días. Ofréceme cada respiración y latido, cada mirada... del nuevo día que comienza. Todo es un regalo de mi bondad. Te he estado esperando toda la noche en la Eucaristía. Gracias por venir. Te necesito y te amo, como si fueras la única persona que existe en el mundo. Vive para Mí. Confía siempre en Mí. Tu confianza puede conseguir cualquier cosa de mi Corazón. Pídeme todo lo que necesites. Para mí es una fiesta, cuando me pides algo y puedo darme la alegría de concedértelo. Pídeme la gracia de ser cada día más santo. Yo puedo santificarte en un momento o a lo largo de tu vida. Confía en Mí. No te angusties, porque las cosas no salen como tú deseas. Yo cuido de ti. Aleja los pensamientos inútiles. Mira todas las cosas desde una perspectiva de eternidad. La vida pasa tan rápido... Debes aprovechar bien el tiempo, pues es demasiado corto para salvar almas y no debes perder ni un minuto. Aprovecha las pequeñas cosas para amarme. Para mí nada es pequeño. Hasta los más mínimos detalles de tu vida me interesan, cuéntamelo todo. Pon atención en ser amable con todos. Sonríe a todo el mundo y yo haré de tu sonrisa una bendición para los demás.

Yo guío tu vida. Abandónate a Mí... Ofréceme todas las comuniones que recibirás desde ahora hasta el día de tu muerte. Eso también me hace feliz. Ofréceme las que has recibido hasta ahora... Y las de todos los hombres que han existido, existen y existirán. Todas las comuniones de todos los tiempos, ofrécemelas con amor para que tu ángel me las presente como una ofrenda bellísima de amor. Y me harás feliz. No economices amabilidades para todos los que te rodean. Yo quiero manifestarles mi amor a través de ti. No me lo impidas. Diles con una sonrisa: Dios te ama.

Y, cuando vengas a visitarme, recuerda que para Mí cuenta más la intensidad de tu amor que el número de minutos de tu visita. Cuando estás aquí, ante mi presencia, ¿cuántas veces me dices: Jesús, yo te amo? Yo necesito que me lo digas y que me sonrías... Necesito tu afecto y tu cariño. No lo olvides. También te pediré cuenta de tu amabilidad con tus hermanos. ¿Cuántas sonrisas les ha prodigado hoy? ¿Estás satisfecho de tu vida? ¿No puedes hacer algo más para hacer felices a tus hermanos? Yo espero más de ti y confío en ti. Confía tú en Mí y los dos seremos UNO para hacerlo todo juntos. Te amo, hijo mío. Y te bendigo con todo mi amor. Saludos de mi Madre y de todos los ángeles que me rodean.

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Hijo mío, no creas que ignoro tu pasado. Conozco todos los detalles de tu vida y estoy dispuesto a perdonarte, si me pides sinceramente perdón. Sé que, muchas veces, te has olvidado de Mí y me has ofendido con tus pecados, pero yo te espero para perdonarte. Si eres pobre, cumple con sumisión el trabajo a que estás obligado, sabiendo que yo viví treinta años sometido a la misma ley que tú, porque yo también era pobre.


¿Tienes a tu cargo obreros o empleados? No los explotes, remunera justamente su trabajo, ámalos, trátalos con dulzura y con bondad. Si tú tienes un alma inmortal, ellos también. Si tú eres mi hijo, ellos también lo son. No olvides que los bienes te los he dado, no solamente para tu bienestar y recreo, sino para que los administres con prudencia y puedas con ellos hacer el bien a los demás.

Y, cualquiera que seas, después de haber trabajado toda la semana, no te olvides que espero verte, al menos, en la misa dominical. En la iglesia háblame de todo lo que te interesa, de tus hijos, de tu familia, de tus negocios, de tus deseos y sufrimientos... ¡Si supieras cuánto te amo y con qué atención escucho tus oraciones! Pero no olvides que te espero todos los días en el sagrario y no solamente el domingo. Por eso, cuando tengas algún tiempo libre antes de ir al trabajo o al salir de él, recuerda que te estoy esperando. Si estás muy cansado, quédate en silencio, mirándome con amor, entregándome tu cansancio y tus problemas y, sin palabras, dime que me amas. De este modo, llegarás a tu casa, con el corazón renovado y lleno de amor para amar a tu familia.

Quiero que mi amor, desde el sagrario, ilumine y caliente tu alma. Quiero regar el desierto de tu corazón, que está seco por tantas preocupaciones de las cosas materiales. Necesitas tiempo para orar, para reflexionar, para descansar y para estar con tu familia. Recuerda que el domingo es un día para Dios, para la familia y para descansar. Ese día, en cuanto te sea posible, no hagas otros trabajos. No por trabajar más serás más rico ni más feliz. Deja todo, ven a verme a la misa dominical, disfruta de la compañía de tu familia y descansa para que puedas comenzar con nuevos bríos la semana que te espera.

Hijo mío, la Eucaristía es el cielo en la tierra. Yo soy el pan de vida. Yo soy Jesús. No te olvides de Mí y ven a visitarme para darme la alegría de poder bendecirte a ti y a tu familia.

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Querido hijo, quiero que me demuestres tu amor entregándote a Mí sin reservas, quiero que te consagres a Mí, como un soldado que se pone a disposición de su Superior para servir sin poner condiciones. Quisiera que te acerques a Mí con las manos y el corazón abierto y dispuesto a cumplir mi voluntad cualquiera que sea, sabiendo que lo que yo decida para ti, será lo mejor. ¿Tienes miedo de que te pase algo desagradable? ¿Tienes miedo de sufrir? ¿No sabes que todo lo hago por tu bien? ¿No confías en Mí? Lánzate sin miedo a mis brazos y déjame hacer..., déjame guiarte, déjate llevar como un niño en brazos de su madre. Ven y descansa en mis brazos. No temas lo que pueda sucederte. Todo está bajo mi control y yo te amo y quiero lo mejor para ti. No temas.

Ofréceme todo lo que tienes: Tus padres, hermanos, familiares, tu hogar, tu trabajo, tu cuerpo, tu alma, tus diversiones, tus necesidades, tus pecados, tus ilusiones, tu tiempo, tu dinero... Dámelo todo. Y, después, dame la oportunidad de tomar o quitar lo que considere más conveniente para ti. ¿Estás dispuesto a todo? No me digas lo que tengo que hacer. Déjame actuar libremente. Conságrate a Mí sin condiciones.

Consagrarse significa entregarlo todo, darlo todo. Yo te prometo que cuidaré de tus cosas como si fueran propias, porque todo lo tuyo será mío y lo mío tuyo. ¿Trato hecho? ¿De verdad? Te aseguro que no saldrás perdiendo, conmigo todos ganan. Así que no temas, déjame todo lo que tienes en mis manos. Después no me pidas cuentas, aunque te duela. Yo soy un buen médico y sé cuándo debo operar y dónde y sé lo que más necesitas. No tengas miedo. Déjame amarte y hacer lo que crea conveniente por tu bien. No me pongas limitaciones: esto sí, aquello no. Dame total libertad de acción. Mis planes son mejores que tus planes. Tú ves solo el presente, yo veo también el futuro. Por eso, confía en Mí. Dámelo todo sin excepción. Pon en mis manos tu salvación eterna, tu santificación y tu vida futura. Yo cuidaré de tu salud, de tus familiares y de todas tus cosas. Confíamelo todo sin temor.

Si te consagras a Mí, debes velar por mis intereses como si fueran tuyos a partir de ahora. Debes preocuparte como primera preocupación de la salvación de tus hermanos. Debes ser un apóstol que salve almas. Ora mucho por ellas. Y cada día renueva tu consagración y tu amor por Mí.

CONSAGRACIÓN
Sagrado Corazón de Jesús, yo me consagro a Ti. Tu Corazón eucarístico está vivo y palpitante de amor por mí en la Eucaristía y yo te doy gracias por haberme perdonado y por haberme amado tanto. En este momento de mi vida, me consagro a Ti y te ofrezco todo lo que soy y tengo. Me rindo a tus pies, me entrego totalmente a tu servicio y disposición. Te entrego mi vida y mi alma, mis penas y sufrimientos, mis enfermedades y todas las obras de mi vida entera, incluidos mis pecados para que me los perdones. Te entrego, especialmente, a mi familia para que la guardes y protejas dentro de tu divino Corazón. Que mi nombre esté siempre escrito en tu divino Corazón y nunca pueda apartarme de Ti.

Jesús, por medio del Corazón inmaculado de María y en compañía de todos los santos y ángeles, firmo este compromiso de entrega total, renunciando a cuanto pudiera desagradarte de ahora en adelante. Todo lo mío es tuyo. Haz de mí lo que Tú quieras, sea lo que sea, te doy las gracias, porque te amo y confío en Ti, porque Tú eres mi Dios, mi Señor y mi amigo. Y yo confío en Ti y creo en tu amor por mí.

Hijo mío, sé poeta de la vida, canta a las cosas hermosas, que he creado para ti. Cuando veas el arco iris, no mires sólo los colores, ve la belleza y la alegría que irradio para ti desde las nubes. Cuando veas una casa, no te fijes sólo en las paredes, puertas y ventanas, busca el amor que he puesto en esa familia. Cuando veas una mujer hermosa, no la ensucies con tu mirada y tus deseos secretos, búscame en su corazón y trátala como a una hermana. Mira el cielo en las noches estrelladas y absorbe el amor que envuelve el universo. Mira las flores y sonríeme con ellas para hacerme feliz. Sonríe siempre a todos. Ayúdalos a ser felices.

Tú eres más grande que todo lo que existe, porque tú eres mi hijo. Tú eres más importante que todas las cosas creadas, porque por ti derramé mi sangre. Por eso, debes valorarte y creer cuánto te amo, pues te he creado con un alma inmortal y te he amado y te sigo amando con un amor infinito. El día que sepas que tu vida es mucho más de lo que tus ojos se limitan a ver, y que vales más que todo el oro del mundo, ese día todo cambiará para ti. Nada puede ser comparado contigo. Tú eres mi hijo y mi amigo. ¿Te parece poco?

Por eso, no tengas miedo de venir a Mí, a la vera del sagrario, donde te espero todos los días. No tengas miedo por las dificultades de la vida. Yo estoy siempre a tu lado para ayudarte. Levanta tu mirada y mira a las estrellas. Esfuérzate por ser mejor cada día y hacer más felices a los demás. Recuerda que la alegría compartida forma los días más hermosos de la vida y las páginas más bellas del diario de tu vida. Sal de ti mismo, deja ver el cielo que hay en tu corazón. Lánzate en vuelo hacia las alturas. Tú eres más grande que cualquier dificultad. Sueña con grandes ideales. Aspira a los horizontes sin límites, a los mares sin orillas. Aspira al infinito. Yo te espero cada día para darte fuerzas. No tengas miedo, yo te amo, confía en Mí. Dime muchas veces desde lo profundo de tu corazón: Jesús yo te amo, yo confío en Ti. Y verás las maravillas de mi amor por ti, porque eres la persona más importante del mundo para Mí.

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Hijo mío, nada es pequeño para Mí. Ofréceme tus pequeñas cosas de cada día con todo tu amor. Haz pequeños servicios de amor a quienes te rodean. Nunca hables mal de nadie y aprovecha el tiempo. No pierdas ni un minuto. Ayúdame a salvar almas. Las almas no sólo se salvan con oraciones; todo sirve, hasta las acciones más ordinarias, pero ofrecidas con amor. Ofréceme todos tus sufrimientos y sonríe a los demás, como si me sonrieras a Mí.

No hables con los demás sin una sonrisa para alegrarles la vida. Y todo lo que hagas, hazlo por mi amor. Porque lo que da valor a las acciones es su intención sobrenatural. Una acción sin intención es como un cuerpo sin alma, no vale nada. Rodea mi sagrario con flores de amor y con delicadezas de cariño. Yo también necesito el amor de mis criaturas.

Trátame con sencillez. ¿Qué es lo que se hace por la mañana y en la tarde en el seno de una buena familia? Se dan un beso con toda naturalidad. ¡Qué dulce y hermoso es todo esto! ¡Ojalá me trataran a Mí como a un miembro más de la familia! Para Mí no cuenta tanto lo que hagas sino el amor con que lo hagas. Que toda tu vida esté llena de amor.

Ámame, hijo mío, adórame en espíritu en todas las hostias que has recibido desde tu primera comunión. Únete a todos esos momentos en que yo me uní a ti en comunión. Adórame en todas las hostias consagradas del mundo entero y en todas las que han existido y existirán. Dime muchas veces: Jesús, yo te amo. Dímelo muchas veces. Que resuene como una música agradable. Nunca me cansaré de oírla. Me siento feliz, cuando me dices que me amas. Yo también te lo digo en el fondo de tu alma. ¿No escuchas mi voz? Soy sensible a todo lo que sea afecto y delicadeza. Obra siempre, como si me vieras, y háblame con confianza. Me siento triste, cuando muchos, por desidia, no me quieren recibir en la comunión o, cuando después de comulgar, se olvidan de Mí como si hubieran recibido un pedazo de pan. Por eso, comulga todos los días que puedas. Haz cada cosa del día, como si acabaras de comulgar, como si yo estuviera a tu lado. Hazlo todo conmigo. Tú y yo debemos ser UNO. Desde tu comunión por la mañana hasta tu sueño por la noche, debemos ser UNO. Y UNO debemos seguir siéndolo, aunque estés profundamente dormido. Dile a tu ángel que me ofrezca todas tus respiraciones nocturnas. ¡Qué sencillo es amarme! Despiertos se ama, dormidos se ama. Y luego, dime GRACIAS con frecuencia, pues estas palabritas son para mí como una caricia de tu amor. ¿Cuántos besos de amor me has dado hoy?

¡Ojalá pudieras ver mi esplendor en el sagrario! ¡Mi potencia y mi dulzura! ¡Oh, si vieras la corte de honor de todos los ángeles que me acompañan! Adórame en unión con todos los santos y ángeles en este cielo de la Eucaristía, donde estoy viviendo por tu amor. Yo te espero todos los días para bendecirte y llenarte de mi amor. Gracias, hijo mío.

MENSAJE DE JESÚS

¿Por qué te confundes y te agitas ante los problemas de la vida? Déjame el cuidado de todas tus cosas y todo te irá mejor. Cuando te abandones a Mí, todo se resolverá con tranquilidad según mis designios. No te desesperes, no me dirijas una oración agitada, como si quisieras exigirme el cumplimiento de tus deseos. Cierra los ojos del alma y dime con calma: JESÚS, yo confío en Ti.

Evita las preocupaciones angustiosas y los pensamientos sobre lo que puede suceder después. No estropees mis planes, queriéndome imponer tus ideas. Déjame ser Dios y actuar con libertad. Abandónate confiadamente en Mí. Reposa en Mí y deja en mis manos tu futuro. Dime frecuentemente JESÚS, yo confío en Ti. Lo que más daño te hace es tu razonamiento y tus propias ideas y querer resolver las cosas a tu manera.

Cuando me dices, JESÚS, yo confío en Ti, no seas como el paciente que le pide al médico que lo cure, pero le sugiere el modo de hacerlo. Déjate llevar en mis brazos divinos, no tengas miedo. Yo te amo.

Si crees que las cosas empeoran o se complican a pesar de tu oración, sigue confiando. Cierra los ojos del alma y confía. Continúa diciéndome a toda hora: JESÚS, yo confío en Ti. Necesito las manos libres para poder obrar. No me las ates con tus preocupaciones inútiles. Satanás quiere eso: agitarte, angustiarte, quitarte la paz. Confía sólo en Mí. Reposa en Mí, abandónate en Mí. Yo hago los milagros en la proporción del abandono y confianza que tienen en Mí. Así que no te preocupes, echa en Mí todas tus angustias y duerme tranquilo. Dime siempre: JESÚS, yo confío en Ti, y verás grandes milagros. Te lo prometo por mi amor.

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Conozco tu miseria, los combates y tribulaciones de tu alma, la debilidad y las dolencias de tu cuerpo; sé de tus cobardías, de tus pecados, de tus rebeldías, aún así te digo: ¡Dame tu corazón, ámame tal como eres! ¡Sígueme!

¡Ámame tal como eres! Quiero el amor de tu corazón indigente. Si para amarme, quieres esperar a ser perfecto, no me amarás jamás. ¿No podría yo hacer de cada grano de arena un serafín radiante de pureza, nobleza y amor? ¿No podría yo con solo un signo de mi voluntad, hacer surgir de la nada miríadas de santos mil veces más perfectos y más amantes que aquellos que he creado? Y si me place dejar para siempre en la nada a esos seres maravillosos y preferir al suyo tu pobre amor!

¡HIJITO, DÉJAME AMARTE! Quiero tu corazón. Ciertamente, he de transformarte, pero entre tanto TE AMO TAL COMO ERES. Y deseo que tú hagas igual: Quiero ver surgir el amor del fondo de tu miseria. Quiero que me sigas así como eres.

Podría yo haberte destinado a grandes cosas: pero no, serás el servidor inútil y te quitaré aún lo poco que tienes, porque te he creado sólo para el amor. ¡Ama! El amor te hará realizar todo lo demás sin que pienses en ello; no busques sino llenar el momento presente con tu amor.

Hoy espero a la puerta de tu corazón como un mendigo, Yo, el Señor de los Señores. Toco y espero: Apresúrate a abrirme y no alegues tu miseria. Lo único que podría lastimarme el Corazón, sería el verte dudar y no tenerme confianza. ¡Sígueme!

Y recuerda, ¡ámame tal como eres! No esperes llegar a la santidad para entonces entregarte al Amor, pues entonces, no me amarás jamás. ¡Sígueme tal como eres!

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No te lamentes por cualquier cosa, haz algo para iluminar el mundo y alegrar la vida de los demás. Al salir a la calle, no te olvides de ponerte la mejor de tus sonrisas. Que hoy haya alguien que sea mejor y más feliz por haberte encontrado. Que hoy escribas la mejor página del Diario de tu vida.

No seas como esos hombres débiles que no quieren superarse y no aprecian nada bueno a su alrededor. Prefieren morir a vivir, prefieren dormir a disfrutar de la belleza que los rodea.

En la vida pasarás por verdes y deslumbrantes praderas y también te encontrarás con quebradas oscuras... Hay ríos que te darán agua para vivir y océanos que te mostrarán el infinito. Tu vida estará tejida de tristezas y alegrías, encuentros y despedidas, éxitos y fracasos, pero no te desanimes jamás.

No seas mediocre, lucha con todas tus fuerzas, da lo mejor de ti mismo. Si hablas, habla con todo tu ser; si gritas, grita con toda tu voz; si lloras, llora con todas tus lágrimas; si amas, ama con toda tu alma y, cuando sonrías, sonríe con la mejor de tus sonrisas.

Sonríe a la vida, no pidas limosnas de amor a cuantos viven a tu lado. No pienses tanto en recibir, sino en dar; porque al final tendrás tanto cuanto hayas dado. Construye desde ahora tu futuro. Llena de amor cada instante de tu vida. Piensa que yo nunca te abandonaré. Nunca te quedes satisfecho con lo que tienes, aspira siempre a más. No seas como el agua del río, un día alegre y cantarina, que cansada del largo camino se queda estancada y muere podrida. No seas mediocre. Nunca te detengas. Da siempre lo mejor de ti mismo. Hay un camino infinito por recorrer. Yo siempre te espero al final del camino. ¡Siempre adelante! ¡Pon rumbo a las estrellas!

Yo te acompaño, no temas. Te bendigo por medio de mi madre María.

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Aunque no me ves y casi siempre me callo, quiero decirte que sé todo sobre ti. Sé de tus noches a solas. Conozco tus cansancios, cuando no puedes más. ¿Sabes lo que quiero decirte? Que te conozco y te amo. Que nunca te he abandonado y que me acerco a ti para llenar tu vida de alegría y esperanza.

¿Sabes? Muchas veces, me acerco a ti de puntillas para no despertarte de tus asuntos cotidianos y estampo dos besos grandes en tus mejillas. Quizás no te des cuenta de que soy yo, pero sientes una alegría inesperada al ver una flor, al encontrarte con un amigo o ante la dulce mirada de tu madre, de tu esposa o ante la bella sonrisa de un pequeño niño.

Yo sé que, a veces, te lamentas de Mí. Crees que no te quiero o que no me preocupo de tus cosas. A veces, has llorado, esperando respuestas y el cielo parecía cerrado para ti. Pero yo escuchaba tu oración y esperaba el tiempo oportuno para hacerte sentir mi presencia. Por eso, te digo que no me temas. Yo siempre estoy a tu lado, porque te amo. Y te digo:

- Cuando estés sin fuerza para seguir luchando, piensa en Mí.

- Cuando el dolor te haga sufrir, piensa en Mí.

- Cuando las cosas te salgan mal, piensa en Mí.

Piensa en Mí en todo momento. Yo no soy indiferente a lo que te pasa. Tus problemas y tus sufrimientos los llevo en lo más profundo de mi Corazón... Por eso, cuando parezca que ya no hay salida, que todo está oscuro, que ya no hay esperanza... Piensa en Mí. Confía en Mí y déjame actuar, aunque no entiendas nada. Déjame llevarte de la mano y llenar tu vida de mi amor. Quiero hacer de tu vida una bella obra de amor. Quiero que estés satisfecho de tu vida, porque te he creado para algo grande y hermoso: para amar y hacer felices a los demás. Cuento contigo y espero mucho de ti. Y ya sabes que estoy siempre a tu lado para ayudarte. Un abrazo.

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Hijo mío, sirve sin esperar recompensas humanas. Yo te premiaré. Tu vida debe ser un ejemplo para todos. Sé transparente. Vive siempre con autenticidad. Nunca mientas. Sé un hombre honorable (de honor), que respeta su palabra. No hagas trampas ni engañes nunca a nadie. Nunca trates de justificar tus errores, reconócelos con humildad y trata de corregirlos. El que reconoce sus errores, hoy es más sabio que ayer. Nunca prometas cosas que no tienes intención de cumplir. No prefieras las apariencias a la realidad. No disimules lo que eres ni tengas pretensiones de aparentar lo que no eres. No digas verdades a medias, pues las verdades a medias son mentiras enteras.

Hijo mío, cuando tengas problemas, ven a visitarme y aquí junto a Mí, cuéntamelo todo. Yo soy el mejor médico de cuerpos y almas. Te daré la fortaleza que necesitas para no ser flojo ni comodón. Yo quiero que te esfuerces y luches por superarte cada día, para vencer tus vicios, para mejorar tus costumbres. No busques siempre lo más fácil o hacer lo mínimo indispensable. Da lo mejor de ti mismo. Y sé responsable hasta en los más pequeños detalles de tu vida.

Huye de la vulgaridad, de la grosería y de la pornografía. Huye de las malas compañías. No vayas a ciertos lugares, donde tu alma puede estar en peligro. El virus de la impureza inunda el mundo, especialmente, a través de los medios de comunicación. Ten cuidado en lo que ves. No te creas inmune, ten prudencia.

Vive siempre con perspectivas de eternidad. Piensa en el más allá. Esta vida es sólo un examen para la eternidad. Vive cada día, como si fuera el último día de tu vida. Vive de modo que nunca tengas que arrepentirte de tus acciones. Vive sin envidias ni rencores. No estés lamentándote continuamente de lo que tienes o dejas de tener, de lo que te hicieron o dejaron de hacer. No andes mendigando alabanzas falsas. No te inquietes demasiado por lo que dicen o no dicen de ti. No te angusties tanto por el qué dirán. Yo lo sé todo y, si eres auténtico, te felicitaré.

Tus hermanos esperan mucho de ti. Ilumina su vida con tus palabras y buenos ejemplos. Pon tu granito de arena en la construcción de un mundo mejor. Siembra semillas de luz, amor, paz y alegría entre los que te rodean. Que tu vida sea una luz en la oscuridad para ellos. Y yo tu Dios me sentiré orgulloso de ti.

Gracias, hijo mío, por venir a visitarme. Gracias por este tiempo que me has dedicado. Te aseguro que este tiempo, pasado junto a Mí, es el mejor tiempo empleado de tu vida. Te amo y te bendigo, hijo mío.

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MENSAJE DE MARÍA

Hijo mío, soy tu Madre la Virgen María, la mamá de Jesús y también madre tuya.
Quiero decirte que me siento feliz cada vez que vienes a visitar a mi hijo Jesús. Él se siente contento y yo también. Quiero recordarte que, cuando quieras encontrarme y pedirme algo, estoy aquí en el sagrario junto a Jesús Eucaristía. Cuando vayas a comulgar, me gustaría que me pidas que te ayude a dar gracias y hacer una buena comunión.

Como madre, tengo que decirte que te necesito para amar a Jesús, que está muy solo en el sagrario y cada día hay muchos que lo reciben indignamente en la comunión. Por eso, te pido que rodees a Jesús de flores y luces. Haz algo, aunque sea tráele de vez en cuando una flor o un velón o un detalle. Él se lo merece todo. Al menos, dile muchas veces que lo amas. Multiplica tus horas de adoración, busca muchos adoradores para Jesús, busca muchos que se comprometan a venir a visitarlo. Repara con tu amor tantos sacrilegios y ofensas que recibe en este sacramento del amor. ¡Si supieras cuán feliz hace a Jesús cualquier pequeño gesto de amor! Él perdona muchas ofensas ante una gota de puro amor.

Cuando estás delante de Él, Él te ve; cuando le hablas, Él te escucha; cuando le confías algún problema, Él acoge cada palabra tuya en su Corazón. Busca a Jesús, cuando tengas problemas. Con la misma naturalidad con que vas en busca de un amigo para pedir ayuda, vete también a pedirle ayuda a Jesús. Haz de Jesús tu mejor amigo, la persona más querida. Dile muchas veces que lo amas, repíteselo con frecuencia en la iglesia y en cualquier otro lugar. Él siempre te escucha estés donde estés.

Y recuerda también que, junto a Jesús Eucaristía, está también el Padre y el Espíritu Santo y que, cuando le dices a Jesús: Te amo, es como si se lo estuvieras diciendo, al mismo tiempo, al Padre y al Espíritu Santo; pues entre ellos no hay celos ni envidias. Lo que haces a uno, lo haces a los TRES.

Y no olvides que también junto a Jesús Eucaristía hay millones de ángeles y santos que lo adoran como a su Dios y Señor. Por eso, cuando te acerques al sagrario y vengas a visitarlo, únete al coro de los ángeles y santos para cantarle canciones de amor, que lo hagan feliz.

Gracias, hijo mío, por escucharme; gracias por venir a visitar a Jesús; gracias por amarme tanto. Yo siempre te amo con mi hijo Jesús, y te cubro con mi manto de pureza y amor, y te protejo de todo mal y de todo poder del maligno. Te bendigo, hijo mío.

MENSAJE DEL ÁNGEL CUSTODIO

Hermano mío, me siento contento de poder hablarte en estos momentos. Yo soy tu amigo y, desde el primer instante de tu existencia, estoy a tu lado y lo estaré hasta que llegues a la patria celestial. Incluso en el purgatorio estaré a tu lado para consolarte en esos momentos de sufrimiento. Amigo y hermano mío, yo conozco toda tu vida.

He vivido siempre contigo. Y no quiero en este momento recordarte todos tus momentos malos ni tantos otros en los que me has hecho sufrir al apartarte de los caminos de Dios. De todos modos, quiero que sepas que me siento contento, cuando vienes a misa o cuando vienes a hacer tu visita diaria a Jesús. Yo me siento feliz de verte y ofrezco al Señor tu oración y adoración. Tú no puedes comprender ahora cuántas bendiciones recibes para ti y tu familia, cuando vienes a la iglesia; algún día lo sabrás. Lo importante es que seas constante en venir.

Ojalá que Jesús sea tu mejor amigo y sientas verdadero deseo de demostrarle tu amor, viniendo cada día a visitarlo. Cuando estás delante de Jesús sacramentado, yo estoy adorando en tu nombre también a Jesús. Somos dos. ¿Por qué no podemos ser muchos más? Te diré un secreto: Hay muchos ángeles que adoran a Jesús en todos los sagrarios de la tierra y muchos de ellos quieren ser tus amigos personales y adorar a Jesús en tu nombre.

¿Qué te parece si te comprometes a ser su amigo con la condición de que ellos amen y adoren a Jesús en tu nombre todos los días y a todas las horas? Será para ti una fuente inmensa de bendiciones, más de lo que puedes imaginar. Mira, para ello, haz algo muy fácil. Di conmigo esta pequeña oración que puedes repetir todos los días, cuando vengas a visitar a Jesús, para que te acuerdes de tu compromiso.

En presencia de la Santísima Trinidad y en compañía de María, quiero agradecer a Dios por los millones de ángeles que adoran continuamente a Jesús sacramentado en todos los sagrarios de la tierra y en cada lugar donde hay una hostia consagrada. En este momento, quiero comprometerme con cada uno de los ángeles, adoradores de Jesús Eucaristía, para ser su hermano para siempre. Que ellos adoren a Jesús y lo amen en mi nombre, de día y de noche, a todas horas. Por mi parte, ofrezco a Dios, en su nombre, todas las misas, comuniones y visitas que he hecho en mi vida y que pueda hacer en el futuro. Quiero asistir a misa, comulgar y adorar a Jesús asociado al coro de los ángeles adoradores de la Eucaristía para así amar a Jesús con todo mi corazón. Amén.

CANCIONES

Hola, Jesús, Tú eres mi amigo. Me quieres mucho y también te quiero yo. Sé que estarás siempre conmigo. Sé que te llevo aquí en mi corazón. Amigos Tú y yo ¡Qué gran felicidad! Amigos para siempre, ¡amigos de verdad! Hola, Jesús, ven a ayudarme, cuando te llame corriendo acudirás. Si me caí, a levantarme. Si estoy contento, Tú vienes a jugar. Amigos Tú y yo ¡Qué gran felicidad! Amigos para siempre, amigos de verdad. Hola, Jesús, en el sagrario, esperándome Tú estás. Quiero salvar a mis hermanos. Ayúdame a evangelizar. Unidos, Tú y yo, en santa comunión. Amigos para siempre, amigos de verdad.

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Oh Dios Eucaristía, Oh Cristo, Rey de Amor. A Ti la fe nos guía. A Ti, gloria y honor. Cual ciervo a la corriente, que sus ardores calma, así va ansiosa el alma de su ventura en pos y encuentra el agua viva, que apaga sus anhelos, en Ti, pan de los cielos, en Ti, que eres su Dios.

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Hay momentos que las palabras no alcanzan para decirte lo que siento, por Ti, mi buen Jesús. Yo te agradezco por todo lo que hiciste, por todo lo que haces y todo lo que harás.

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Renuévame, Señor Jesús, ya no quiero ser igual. Renuévame, Señor Jesús, pon en mí tu Corazón. Porque todo lo que hay dentro de mí necesita ser cambiado, Señor, porque todo lo que hay dentro de mi corazón, necesita más de Ti.

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Mi pensamiento eres Tú, Señor. Mi pensamiento eres Tú. Porque Tú me has dado la vida. Porque Tú me has dado el existir. Porque Tú me has dado cariño. Me has dado amor. Mi alegría eres Tú, Señor... Mi fortaleza eres Tú, Señor... Mi esperanza eres Tú, Señor... Mi confianza eres Tú, Señor...

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Puedo confiar en el Señor, Él me va a guiar. Puedo confiar en el Señor, no me va a fallar. Si el sol llegara a oscurecer y no brillara más, yo igual confío en el Señor; no me va a fallar.

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Cantemos al amor de los amores, cantemos al Señor. Dios está aquí, venid adoradores, adoremos a Cristo Redentor. ¡Gloria a Cristo Jesús! ¡Cielos y tierra, bendecid al Señor! ¡Honor y gloria a Ti, Rey de la gloria! Amor por siempre a Ti, Dios del Amor.

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Oh buen Jesús, yo creo firmemente que por mi bien estás en el altar, que das tu cuerpo y sangre juntamente al alma fiel en celestial manjar. Indigno soy, confieso avergonzado, de recibir la santa comunión. Jesús, que ves mi nada y mi pecado, prepara Tú mi pobre corazón. Espero en Ti, piadoso Jesús mío, oigo tu voz que dice Ven a Mí; porque eres fiel, por eso, en Ti confío. Todo, Señor, lo espero yo de Ti. Oh buen pastor, amable y fino amante, mi corazón se abrasa en santo ardor; si te olvidé, te juro que constante, he de vivir tan sólo de tu amor.

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Tú reinarás, éste es el grito, que ardiente exhala nuestra fe. Tú reinarás ¡Oh Rey bendito!, pues Tú dijiste: Reinaré. Reine Jesús por siempre, reine su Corazón en nuestra patria, en nuestro suelo, que es de María la nación. ¡Tú reinarás! Dulce esperanza, que al alma llena de placer; habrá por fin paz y bonanza, felicidad habrá doquier.

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EPÍLOGO

Este librito ha querido ser un pequeño homenaje de amor a Jesús sacramentado, el amigo que siempre nos espera en la Eucaristía. Son tantas las bendiciones que recibiremos, visitándolo todos los días, que si las conociéramos, quedaríamos asombrados de tanto tiempo perdido y de tanta ignorancia de nuestra parte. ¡Qué pocos conocen a Jesús y qué pocos lo aman! Hace falta una verdadera cruzada para buscar adoradores para Jesús. Hace falta que, en todas las parroquias, las iglesias estén abiertas todo el día para dar facilidad a quienes quieren visitar a Jesús. Y ojalá que surgieran en todas partes capillas de adoración perpetua a Jesús sacramentado. Porque, como decía el Papa Juan Pablo II en Sevilla, en 1993: Espero que el fruto de este Congreso eucarístico sea el establecimiento de una adoración eucarística perpetua en todas las parroquias y comunidades cristianas del mundo entero.

¿Amas tú a Jesús presente en la Eucaristía? ¿Qué has hecho hasta ahora para que otros lo conozcan y lo amen? Tienes todo un reto por delante para el resto de tu vida. Sé un apóstol de Jesús Eucaristía y Él te lo premiará y te dará más bendiciones de las que jamás podrías haber imaginado.

Que Jesús te bendiga por María.

Saludos de todos los ángeles adoradores eucarísticos.

Tu hermano y amigo desde Perú Ángel Peña, agustino recoleto.
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